Máquinas y supermateriales inspirados en la naturaleza

El astrofísico Miguel Ángel Sabadell nos cuenta cómo los ingenieros emulan los diseños biológicos, como la forma de las alas, para obtener todo tipo de aplicaciones técnicas.

La compañía automovilística Nissan anunció hace un tiempo que pretende lanzar un sistema anticolisión inteligente en 2020. Para ello, sus técnicos han estudiado los patrones de comportamiento de los bancos de peces, que siguen estas tres reglas: no te vayas muy lejos, no te acerques demasiado y no me golpees. 

 

A partir de ellas, surgió el proyecto EPORO, cuyo objetivo es, en esencia, que los coches puedan moverse de forma autónoma –sin necesidad de que los dirija un conductor– y sin chocar entre sí. Los prototipos detectan la presencia de los demás mediante un sistema láser que se basa en el sentido de la vista de los abejorros, cuyo campo de visión supera los 300 grados.  

 

Esta iniciativa es un ejemplo de biomimética, un conjunto de disciplinas y herramientas que nos adentran en una nueva forma de enfocar nuestra tecnología. Históricamente, esta ha sido muy distinta de lo que podemos encontrar en el entorno. Así, nuestras construcciones son estructuras secas y rígidas, mientras que la naturaleza las prefiere húmedas y flexibles; dependemos fuertemente de los metales, aunque la naturaleza jamás los ha necesitado; para desplazarnos usamos la rueda, pero la naturaleza nunca ha hecho uso de ella...  

 

Los animales marinos se cuentan entre las principales fuentes de inspiración para inventores e ingenieros. Quizá, uno de los casos más estudiados es el de la piel del tiburón, una obra maestra de la evolución que les otorga a estos peces cartilaginosos una gran capacidad aerodinámica. Yvonne Wilke, Volkmar Stenzel y Manfred Peschka, del Instituto Fraunhofer de Tecnología de Fabricación e Investigación de Materiales Aplicados, en Bremen (Alemania), han desarrollado una pintura basada en la textura de los dentículos dérmicos –estos sustituyen la función de las escamas– que recubren el cuerpo de estos escualos.

 

Esta consigue que las aspas de los aerogeneradores sean más eficientes, pues ofrecen menos resistencia al viento. Los investigadores piensan que ese compuesto también podría aplicarse a los aviones para ahorrar combustible.  

 

Imagen: Festo

 

Más información en el reportaje Inspirados en la naturaleza, escrito por Miguel Ángel Sabadell. Puedes leerlo en el número 416 de Muy Interesante.  

 

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Etiquetas: innovaciónnaturalezatecnología

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