¡Los vikingos atacan España!

La primera noticia escrita sobre un ataque vikingo en las costas de lo que hoy es España aparece en los Annales Bertiniani, una composición franca del siglo IX.

“En el año 793, aparecieron en el cielo de Northumbria –en el noreste de Gran Bretaña– terribles prodigios que sembraron el espanto entre la población. Eran pavorosas tormentas con rayos y dragones incandescentes que volaban por los aires. El 8 de junio, hombres infieles destruyeron despiadadamente, con robos y asesinatos, la iglesia de Dios en Lindisfarne”. Así describen las crónicas anglosajonas el ataque vikingo a este rico y desguarnecido monasterio. El asalto, el primero conocido de los hombres del norte lejos de sus tierras, dio origen a la era de los vikingos. Episodios similares se darían en las siguientes décadas en Irlanda, Inglaterra, Francia y la península ibérica.

 

La primera noticia escrita sobre un ataque vikingo en las costas de lo que hoy es España aparece en los Annales Bertiniani, una composición franca del siglo IX, aunque es la Crónica rotense, que algunos historiadores atribuyen al rey de Asturias Alfonso III (hacia 852-910), la que más datos ofrece: “Por aquel tiempo, los normandos, gente hasta entonces desconocida, pagana y muy cruel, llegaron hasta nosotros con un ejército naval.

 

Ramiro, ya hecho rey, congregó un gran ejército y, en faro Brecantino –la Torre de Hércules–, entabló combate con ellos. Allí mató gran número y dio fuego a sus naves. Los que no murieron se fueron mar adentro y llegaron a la provincia de la Bética. Y en la ciudad de Sevilla destruyeron gran multitud de caldeos, parte por la espada y parte por el fuego. Tras irrumpir un año en Sevilla y sus alrededores, regresaron a sus regiones”.

 

Tras aquellos episodios, Abderramán II ordenó construir defensas y una flota que vigilara el litoral. En el norte, se fortificaron las entradas de los ríos y las poblaciones costeras. Como se temía, los vikingos no tardaron en regresar. En julio de 858 los drakkars volvieron a ser avistados en Galicia. Se trataba de un gran contingente, liderado por los caudillos Hasting y Björn Costado de Hierro. Probablemente formaba parte de una expedición mayor que venía saqueando los territorios francos, y su objetivo era Santiago de Compostela.

 

 

Después de poner en fuga a la población de Iria Flavia, sitiaron la urbe, hasta que una hueste comandada por el conde Pedro logró liberarla. Al igual que en su primera incursión, tras retirarse, los vikingos asolaron la región y se dirigieron a Lisboa y el sur de la península ibérica. En su periplo, largo y cruento, incendiaron parte de Algeciras, arrasaron la costa murciana y tomaron Orihuela, que usaron como base para atacar las tierras del interior.

 

Igual suerte corrieron las islas Baleares, el Rosellón y la Provenza franceses. Incluso lograron alcanzar Pamplona, donde capturaron a su soberano García Íñiguez. ¿Cómo lo lograron? Algunos historiadores aseguran que lo hicieron remontando los ríos Ebro, Aragón y Arga. Otros sostienen que avanzaron desde el golfo de Vizcaya. En todo caso, el botín obtenido asentó los cimientos para la siguiente incursión.

 

Más información en el reportaje Los vikingos atacan España, escrito por Janire Rámila. Puedes leerlo en el número 413 de Muy Interesante.

 

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