Los riesgos de estar hipermedicados

A diario, los medicamentos salvan la vida de millones de individuos y, al mismo tiempo, arruinan la salud de otros muchos. En Europa mueren casi 200.000 personas al año –550 al día– por los efectos adversos de principios activos mal utilizados o tomados durante demasiado tiempo.

 

 

La cifra resulta incluso corta si se tiene en cuenta que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 50 % de los fármacos se recetan o venden de forma inadecuada y la mitad se consumen mal. 

 

En el mundo rico se produce lo que los expertos llaman la paradoja de la salud: cuanto mayor es el nivel de vida de un país y mejores son sus parámetros sanitarios, hospitales y prestaciones, más trastornos se declaran, más personas se sienten enfermas o incluso fallecen por el uso incorrecto de esos recursos. Pero esto podría no ser así. Los doctores Juan Gervás y Mercedes Pérez estiman en su libro Sano y salvo (editado por Los Libros del Lince) que “entre el 65 % y el 75 % de las muertes podrían evitarse si se prescribieran mejor los medicamentos, atendiendo a los riesgos que conllevan”.

 

Pese a las campañas de concienciación, la automedicación sigue siendo una práctica habitual en un altísimo porcentaje de la población, tendencia que se acentúa entre las nuevas generaciones. Según un estudio de la Universidad de Valencia, el 90 % de los universitarios toman entre una y cinco píldoras sin prescripción. Tres de cada cuatro encuestados reconocía automedicarse con analgésicos; la mitad con anticatarrales; un 13 % con antidepresivos; y un 12 % con antibióticos. Buena parte de ellos tomaba cócteles de varios fármacos: el 33 % consumía dos al mismo tiempo; el 25 %, tres; y el 19 %, cuatro o más.

 

Tras la costumbre de vivir enganchados al botiquín está la enorme inversión publicitaria que hacen los laboratorios farmacéuticos: “Crean enfermedades que no existen o exageran su gravedad con el fin de vender pastillas cuya eficacia no está científicamente probada”, afirma Ileana Izverniceanu, portavoz de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU).

 


Las organizaciones de consumidores reclaman prohibir la publicidad de todos los fármacos, incluidos los principios activos para tratar síntomas menores, que ahora se dispensan sin receta. Consideran que no son un producto de consumo, como un coche o un champú, pero esto choca frontalmente con los intereses de los fabricantes.

 

Más información sobre el tema en el reportaje Una vida a toda pastilla, escrito por Francisco Cañizares, en el número 403 de Muy Interesante.

 

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Etiquetas: enfermedadesmedicamentossalud

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