Las plantas no tienen ni una hoja de tontas

Diversos estudios apuntan que pueden comunicarse entre ellas y son capaces de enfrentarse a sus depredadores, aprender, recordar y hasta cazar.

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Los seres humanos solemos sufrir lo que se ha denominado "ceguera vegetal", que consiste en una incapacidad para ver o notar las plantas que viven en nuestro entorno. Sin embargo, "si mañana desaparecieran del planeta, en un mes toda la vida se extinguiría", explica Stefano Mancuso, profesor de la Universidad de Florencia.

Con más de una década de investigación a sus espaldas, Mancuso es uno de los pocos científicos dedicados a la neurobiología vegetal. El estudio de la inteligencia de las plantas es, para muchos, una especie de pseudociencia, pero quienes se dedican a ello afirman que traerá una nueva revolución agrícola, técnicas novedosas de gestión medioambiental y una visión distinta de nuestro lugar en el mundo.

"Los hallazgos de los últimos cincuenta años han arrojado luz sobre sus increíbles capacidades", defiende Mancuso. Así, por ejemplo, las plantas defienden su territorio: cuando varias semillas germinan en una misma maceta, lo normal es que cada una desarrolle un número de raíces muy elevado para garantizar que dispone de más recursos que sus competidoras. Sin embargo, según un estudio publicado en 2007, en la revista Nature, si las semillas son hijas de una misma planta, reconocen su parentesco y desarrollan una mayor parte aérea, en detrimento de las raíces.

En el caso de las flores, la emisión de fragancias está relacionada con la reproducción. Y estudios recientes indican, por ejemplo, que los compuestos volátiles producidos por las hojas son llamadas de auxilio, como es el caso del inconfundible aroma del césped recién cortado.

En la Universidad de California en Davis (EE. UU.), el ecólogo Richard Karban estudia estas comunicaciones en el arbusto Artemisia tridentata. Al realizar podas controladas, que emulan la acción de los insectos, demostró que las plantas podadas a principios de primavera generan una mayor cantidad de sustancias volátiles, que las protegen frente a las plagas. Curiosamente, una planta cercana que no haya sido podada también adquiere esa protección. ¿Estarán hablando entre ellas? No exactamente. "Siempre atentas a lo que hacen sus vecinas –continúa–, las demás detectan la presencia de estos químicos en el aire y, para no caer víctimas del mismo agresor, ponen en marcha una estrategia de defensa preventiva".

Por otra parte, en la Universidad Ben-Gurión de Israel un grupo de biólogos especializados en estudiar cómo se adaptan las plantas al desierto ha descubierto que el guisante común, Pisum sativum, detecta si una planta vecina padece síntomas de sequía y reacciona cerrando los estomas, unos pequeños poros presentes en la superficie de las hojas, que son la principal vía de pérdida de humedad. La única condición es que ambos vegetales compartan suelo, ya que la señal de sequía es un compuesto liberado por las raíces. 

"Las plantas ven sin ojos, escuchan sin oídos, y prueban y huelen su entorno", explicó Mancuso en una charla en Madrid en 2015. No tienen estructuras comparables a nuestros órganos especializados, aunque tampoco los necesitan. Para el italiano, los órganos están sobrevalorados, cerebro incluido.

 

 

Puedes leer íntegramente el artículo Ni una hoja de tontas, escrito por Joana Branco, en el número 425 de Muy Interesante.

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