La toma de Carthago Nova (209 a. C.): con la inestimable ayuda de los pescadores tarraconenses

Del 64 a. C. al 146 a. C., Roma y Cartago se disputaron el Mediterráneo occidental en las guerras púnicas, tres conflictos que tuvieron un escenario clave en la península ibérica.

 

En la segunda de esas contiendas (218 a. C.-201 a. C.), mientras Aníbal asolaba Italia con sus soldados, el senado romano dispuso campañas en Hispania y Sicilia para aliviar la presión sobre la propia Roma. Los senadores otorgaron el mando de las operaciones al joven Publio Cornelio Escipión.

 

En 211 a. C., las legiones vencidas por los cartagineses en Hispania se refugiaban al norte del Ebro. Ningún noble romano quería ese destino: muchos indígenas apoyaban al enemigo, y las ganancias resultaban dudosas. El decidido y ambicioso Escipión desembarcó en Emporion (Ampurias, colonia griega aliada de Roma) con 10.000 hombres, para completar un ejército de 28.000 infantes y 3.000 jinetes.

 

Enfrentado a tres fuerzas cartaginesas iguales o superiores, pero desperdigadas por la Península, Escipión se dirigió en 209 a Carthago Nova (Cartagena), ciudad fundada por Amílcar Barca, padre de Aníbal. Era la principal base enemiga y el mayor puerto de Hispania. Guarnecida con 3.000 hombres, tenía en el terreno su mejor defensa: según el historiador Polibio, la rodeaba una muralla de 4 km; al sur la protegía el mar y al norte un lago salado. Solo era accesible por un estrecho istmo. 

 

Los romanos tenían unos diez días antes de la llegada de refuerzos cartagineses, pero contaban con un aliado inesperado: pescadores de Tarraco (Tarragona) que conocían el punto débil de la urbe.

 

Al atardecer, las aguas del lago salado bajaban tanto que podían vadearse a pie para atacar las murallas más bajas y desguarnecidas, allí situadas por considerar los cartagineses que se trataba de una zona inexpugnable. Escipión acampó en un alto al final de la franja de terreno frente a la puerta principal, y fortificó solo su retaguardia, mientras las 35 galeras de su lugarteniente Lelio se aproximaban por mar.


El ataque se inició al amanecer y fue rechazado. Al atardecer se confirmó la información de los tarraconenses: el nivel del lago bajó, y Escipión envió a quinientos hombres a cruzarlo. Los asaltantes escalaron las murallas sin resistencia y se dirigieron a la puerta principal, acosada por el grueso de las legiones, a la par que los hombres de Lelio penetraban desde el mar.

 

Los romanos mataron a todo el que encontraron e iniciaron el saqueo cuando cayó la ciudadela, último reducto de resistencia. La toma de Carthago Nova alteró el equilibrio de fuerzas en Hispania y dio recursos a Escipión, que no cesó en su presión a los cartagineses hasta expulsarlos de Hispania en 206 a. C.

 

Otros cinco asedios que cambiaron la historia de España en el reportaje ¡Estáis rodeados!, en el número 400 de Muy Interesante, escrito por Francisco Jódar.

 

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Etiquetas: Península Ibéricahistoria

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