La melatonina tiene la clave del jet lag

La melatonina es un suplemento clave de la medicina preventiva: combate el jet lag, barre el cuerpo de radicales libres y previene el envejecimiento.

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Durante siglos, una pequeña estructura situada en el centro del cerebro trajo de cabeza a fisiólogos, médicos y demás estudiosos de la naturaleza humana. Todos querían saber para qué servía una pequeña bellota ubicada en un lugar estratégico. Ignorantes de que se trataba de una glándula, los hinduistas la relacionaron con la clarividencia; los budistas, con la puerta de entrada del alma en el cuerpo; y el médico griego Galeno consideró que era un órgano de apoyo a los vasos sanguíneos. Hasta el siglo XX no se descubrió que la función de esa estructura, la glándula pineal, era la de secretar una hormona llamada  melatonina, la cual regulaba el reloj biológico que sincronizaba los ritmos del organismo. Con anterioridad solo se había identificado en la sangre de peces y anfibios.

"Ha pasado del anonimato a ser una estrella en la investigación científica", explica José Carlos Dávila, catedrático de Biología Celular en la Universidad de Málaga, quien señala que durante mucho tiempo solo interesó a unos pocos estudiosos de los vertebrados inferiores. "El panorama cambió cuando se descubrió que se encontraba en todos los animales, incluido el hombre, y que sus acciones se extendían mucho más allá de aclarar la piel de los anfibios o del control de los ciclos reproductores. Lo que la hizo popular fue su acción natural citoprotectora, al prevenir en muchos casos el daño o la muerte celular, y su efecto antienvejecimiento". Darío Acuña, catedrático de Fisiología de la Universidad de Granada y director del Instituto Internacional de la Melatonina, fue uno de los investigadores que se dejó seducir por el misterio de esta glándula: "En 1978 un colega estadounidense me habló de ella; yo no la conocía, ni siquiera la había estudiado en la universidad. El hecho de que a lo largo de la evolución la especie humana la hubiera conservado era un signo de que debería tener una función, y me atrapó la idea de averiguar cuál era".

En aquellos años, se comenzó a desvelar la faceta más conocida de la melatonina: primero se descubrió que estaba relacionada con los ritmos circadianos, concretamente con los que rigen el sueño y la vigilia. Pero sucesivas investigaciones en animales mostraron su implicación en el resto de ciclos –endocrinos, metabólicos–. Ahora bien, ¿cómo podía regular tantas funciones al mismo tiempo? "Se descubrió que en una región del hipotálamo llamada núcleos supraquiasmáticos hay unas células que constituyen nuestro reloj biológico central. Son unas 20.000 neuronas, que tienen unos genes que expresan, de manera rítmica, unas proteínas", apunta Acuña.

Cada noche, este reloj da una campanada: es una señal enviada a la glándula pineal para que produzca melatonina, y este aviso sirve, además, como orden para que en el cuerpo se acompasen el resto de nuestros ritmos orgánicos. ¿Qué tiene esto que ver con el día y la noche? Hay que explicar que esta hormona es un sincronizador interno de las funciones biológicas. Pero existe otro externo, el fotoperiodo, que tiene que ver con los cambios de luz y oscuridad. Y ambos actúan de forma conjunta. Así, la información visual que recibimos del exterior también interviene en la actividad del reloj biológico, haciendo que cada veinticuatro horas se produzca un pico de melatonina que baña a través del sistema circulatorio el cuerpo entero.

Esta rutina se rompe, por ejemplo, cuando hacemos un viaje transoceánico y atravesamos diferentes husos horarios, pues ocurre un desajuste entre lo que marca el cronómetro interno y lo que los sentidos perciben. De forma natural, este desfase tarda de tres a cinco días en solucionarse, aunque puede acelerarse con suplementos de melatonina. Todos estos hallazgos culminaron a mediados de los ochenta con la posibilidad real de aplicar el conocimiento acumulado sobre los ciclos circadianos a la práctica médica y con la aparición de nuevas disciplinas científicas, como la cronobiología, la cronofarmacología y la cronoterapia.

Más información en el reportaje Melatonina de altos vuelos. Qué dice la ciencia de la "hormona fantástica", escrito por María Corisco. Puedes leerlo en el número 7 de Muy Saludable.

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