La larga carrera contra el cáncer cervical

Es uno de los tumores malignos más comunes entre las mujeres y uno de los más peculiares, ya que lo desencadena un virus. María Corisco nos cuenta lo último en la lucha contra el cáncer cervical o de cuello uterino.

Durante los años previos a la Segunda Guerra Mundial, un médico de origen griego se esforzaba en el hospital de Nueva York por encontrar una alternativa a la biopsia que permitiera identificar el cáncer de cuello uterino –o cáncer cervical– antes de que el tumor fuera visible para el ojo humano. Sus investigaciones le llevaron a idear una prueba que conseguía, con ayuda de una espátula y un pequeño cepillo redondeado, obtener células de la zona para someterlas a estudio. 

En 1939, todas las mujeres del Servicio de Ginecología de su hospital se sometieron a esa prueba; los resultados se difundieron en el American Journal of Obstetrics and Gynecology y supusieron una convulsión en el mundo de la ginecología y la prevención oncológica. Aquel tenaz médico se llamaba Georgios Papanicolaou, y acababa de inventar la citología vaginal, que al generalizarse redujo en un 70 % el número de fallecimientos provocados por el cáncer cervical. 

En los años setenta, y tras constatar que este tipo de cáncer resultaba inexistente entre las monjas pero muy frecuente en prostitutas, el virólogo alemán Harald zur Hausen se enfrentó a la comunidad médica de la época al defender que estos tumores se producían por un virus de transmisión sexual: el papilomavirus o virus del papiloma humano (VPH), que al invadir las células para multiplicarse altera el ADN de estas y desencadena la sobreexpresión de oncoproteínas que acaban causando cáncer. 

Durante una década, investigó en esta línea, hasta encontrar ADN del citado virus en biopsias de mujeres con cáncer cervical. Esto ocurría en 1983; en 2008, una vez demostrado que el 99 % de estos tumores tenía como origen una infección por VPH, el científico alemán recibió el Nobel de Medicina

Los hallazgos de Papanicolaou y Zur Hausen lograron que las mujeres pudieran evitar el cáncer de cérvix. Los estudios del primero permitieron atajar la enfermedad en sus inicios, gracias a un trabajo educativo para que la población femenina se sometiera a citologías periódicas a lo largo de su vida. En cuanto a Zur Hausen, su esfuerzo posibilitó el desarrollo de una vacuna contra el VPH. Es decir, una inmunoterapia contra un tipo de cáncer. 

“Hemos dado un paso adelante que nos ha permitido avanzar de la prevención secundaria a la primaria”, indica el doctor Juan José Hernández Aguado, jefe de Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitario Infanta Leonor de Madrid y miembro del Grupo VPH Madrid. Y añade: “Al principio, la citología nos permitió diagnosticar precozmente a mujeres con una lesión precancerosa o un cáncer; después, el test del VPH ayudó a identificar a aquellas que sufren una infección persistente que puede, con el tiempo, originar un cáncer; ahora, además, tenemos una vacuna que posibilita evitar la infección y, en consecuencia, el tumor”. 

Más información sobre el tema en el reportaje “Un enemigo en el útero”, escrito por María Corisco. Puedes leerlo en el número 418 de Muy Interesante.

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Etiquetas: cáncerenfermedadesvacunas

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