La guerra no viene de fábrica

¿Somos guerreros por naturaleza, como sugiere la frecuencia de conflictos armados a lo largo de la historia, o es una invención cultural tardía? Eso han querido dilucidar, con pruebas empíricas, Douglas P. Fry, de la Universidad de Arizona en Tucson, y Patrik Söderberg, de la Universidad Åbo Akademi, en Finlandia. Para ello, analizaron 148 incidentes violentos registrados en veintiuna tribus de cazadores-recolectores elegidas al azar a lo largo de los últimos dos siglos. Su conclusión es que “la formación de coaliciones para asesinar miembros de otros grupos vecinos”, como define Fry, no es una tendencia innata del ser humano.   

 

Tanto los relatos conservados como los vestigios físicos indican que los actos individuales, no organizados, explican la gran mayoría de las muertes violentas. De ellas, el 85 % se produjeron en el seno del mismo colectivo, y dos tercios eran atribuibles a rencillas familiares, celos sexuales, accidentes y castigos por haber infringido las normas. Además, los expertos encontraron escasos indicios materiales de enfrentamientos bélicos, como fortificaciones o armas especializadas. “Quizá la predisposición a la guerra no está en nuestra biología, sino en nuestra sociología”, concluye Fry.

 

Información aparecida en la sección de Prisma, con toda la actualidad científica, en el número 389 de Muy Interesante.

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Etiquetas: historiapsicología

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