La conducta impulsiva es la causa del 36 % de los delitos contra las personas

En octubre de 2015, un hombre de 63 años mató de un tiro a su sobrino en un pueblo de León por un puñado de castañas. La causa: falta de control de la impulsividad.

 

El pasado 10 de octubre, diversos periódicos españoles recogían la noticia de la muerte de un joven de Borrenes, en León, al que su propio tío había disparado con una escopeta de caza. Según se relató, la noche anterior ambos hombres se habían enzarzado en una disputa en medio del campo, durante la cual el sobrino acusó a su tío de robar castañas de los árboles de su propiedad. Pocos minutos después, el supuesto ladrón se personaba en el cuartel de la Guardia Civil en Ponferrada, donde confesaba haber matado a su sobrino durante la pelea. ¿Por qué se produjo el homicidio? Incluso con tan pocos datos, psicólogos y expertos en la mente humana llegarían seguramente a la misma conclusión: por un déficit en el control de la impulsividad.

Se calcula que la impulsividad estaría detrás del 36% de los delitos contra las personas, incluidos los homicidios surgidos tras una discusión, una frustración económica, un despido... Esto último fue precisamente el detonante que llevó al periodista Vester Lee Flanagan II, de 41 años, a matar a tiros, el pasado 26 de agosto, a dos excompañeros suyos en la cadena de televisión WDBJ de Roanoke, en Virginia, mientras estos realizaban una entrevista en directo. Tras ser consultados los directivos de esta emisora, se supo que Flanagan era una persona irascible, con escasa resistencia ante la frustración y con interminables conflictos entre sus colegas. ¿Una persona impulsiva? Muy probablemente. 

 

 

Durante un tiempo, a este tipo de acciones se las denominó crímenes pasionales, en un intento de definir a su autor como alguien movido por un ataque de celos, ira o desengaño. Hoy el concepto ya ha sido desterrado del mundo criminológico y, casi, del jurídico. Sin embargo, juristas y psicólogos siguen debatiendo dónde ubicar este tipo de comportamiento y si la impulsividad como rasgo de conducta podría servir de atenuante a la hora de dictar sentencia.

 

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