Hace 400 años: la Iglesia ataca el heliocentrismo

Una comisión eclesiástica concluyó en febrero de 1616 que la idea de que la Tierra giraba alrededor del Sol era estúpida y herética. Ramón Núñez nos lo cuenta.

La Luna, el Sol y demás estrellas son elementos celestes, perfectos y puros, que giran alrededor de la Tierra. Así lo establece el paradigma cosmológico geocéntrico que dominó Occidente durante cientos de años, desarrollado a partir de las ideas expuestas por Aristóteles en el siglo IV a. C. La clave del éxito de este modelo es que no solo concordaba con la experiencia cotidiana, sino también, y como no podía ser de otra forma, con la Biblia.

Las cosas empezaron a cambiar en 1543, cuando el canónigo Nicolás Copérnico publicó De revolutionibus orbium coelestium, una obra en la que afirmaba que era posible explicar los movimientos planetarios mediante un sistema heliocéntrico. La hipótesis cobró fuerza, y la autoridad de Aristóteles comenzó a ponerse en duda. Años después, el astrónomo Galileo Galilei descubrió con su telescopio montañas en la Luna –algo que se consideraba impropio de un cuerpo celeste– y satélites que giraban en torno a Júpiter, lo que demostraba que no todo lo hacía alrededor de la Tierra. Además, el hallazgo de las manchas solares evidenció que el astro rey era imperfecto, y el estudio de las fases de Venus probó que este mundo seguía una órbita en torno al Sol. El geocentrismo se desmoronaba.

El 24 de febrero de 1616 se reunió una comisión formada por once teólogos. Ninguno era astrónomo, pero unánimemente concluyeron que la idea de que el Sol era el centro del universo y estaba inmóvil era “estúpida, absurda en filosofía y formalmente herética por contradecir la Sagrada Escritura”. Asimismo, señalaron que afirmar que la Tierra no era el centro del universo y que giraba sobre sí misma era “absurdo” y “erróneo en la fe”. Dos días después, por mandato del papa Pablo V, el cardenal Belarmino llamó a Galileo para comunicarle que debía abandonar esa opinión y abstenerse de enseñarla y defenderla, o iría a prisión.

 

Más información en la sección Días contados, escrita por Ramón Núñez. Puedes leerla en el número 417 de Muy Interesante.

 

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Etiquetas: astronomíahistoria

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