Expedición al continente de plástico

Desde hace varios años es frecuente oír hablar del séptimo continente, una gran isla de basura y plásticos que supuestamente flota en algún lugar del océano Pacífico.

 

Con una superficie que superaría los tres millones de kilómetros cuadrados, el equivalente a siete veces España, este continente humano supondría una amenaza para los ecosistemas marinos. Pero ¿existe realmente?

 


Miriam Goldstein, una bióloga marina del Instituto Oceanográfico Scripps de la Universidad de California, en San Diego, visitó por primera vez el giro del Pacífico Norte durante la expedición SEAPLEX (Scripps Environmental Accumulation of Plastic Expedition), realizada en 2009 a bordo del navío New Horizon. A un millar de kilómetros del archipiélago de Hawái, este vórtice es uno de los cinco grandes giros que existen en los océanos, cuyas corrientes rotativas se originan debido a los distintos movimientos de las aguas y el viento. Es allí donde debía estar el nuevo continente, compuesto íntegramente por piezas de plástico.

 


Contra todo pronóstico, la científica cuenta que allí “el mar tiene un aspecto similar al de cualquier otra zona del océano. De vez en cuando se ven boyas, redes de pesca enmarañadas o neumáticos, pero ni hay una isla, ni estos elementos son la mayoría de lo que encontramos”. La investigadora cree que “el problema se ha explicado e ilustrado de una manera errónea”.


Charles Moore fue el primero en alertar a la comunidad científica de la presencia de grandes cantidades de plástico en la zona. Este capitán y oceanógrafo decidió cruzar la mencionada región del Pacífico cuando volvía de una regata en 1997 y quedó abrumado por la cantidad de basura que vio flotando en el agua. Sin embargo, no parecía que los científicos le prestaran demasiada atención al problema, pese a que diversas ONG y asociaciones ecologistas, entre ellas Algalita, fundada por Moore después de su viaje, comenzaron a estudiarlo y difundirlo.

 

Los miembros de la expedición SEAPLEX fueron los primeros en investigar la cuestión. Durante veinte días, recogieron muestras para estudiar la distribución de los desechos y evaluar su impacto en la vida marina. Así, detectaron toneladas y toneladas de plásticos de un tamaño tan diminuto que parecían que no estaban allí contaminándolo todo.

 

“Teníamos especial cuidado en registrar el avistamiento de fragmentos grandes”, detalla Goldstein. Y añade: “Además, sacamos muestras usando unas redes de arrastre muy finas, que recogían todas las partículas de la superficie y próximas a esta”.

 


El 98 % de las muestras así pescadas contenían partículas de plástico, un resultado que la bióloga consideró que era una subestimación de la cantidad real.

 

Para confirmar sus sospechas, Goldstein volvió al giro del Pacífico Norte al año siguiente, en una expedición organizada por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) de EE. UU. Quería confirmar la hipótesis de que en días de viento, el plástico era arrastrado hacia mayores profundidades, lo que evitaba su recogida con redes. Efectivamente, bajo unas condiciones atmosféricas más benignas que las de la vez anterior, el 100 % de las muestras que recogió contenía plásticos.

 

Más información sobre el tema en el artículo Nadar entre plásticos, en el número 397 de MUY INTERESANTE, escrito por Joana Branco.

 

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Etiquetas: contaminación

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