¿Es necesaria la experimentación animal?

En febrero de 2014 el Gobierno británico aprobó un plan para reducir el uso de animales en la experimentación médica y mejorar las condiciones de los conejillos de Indias en general.

 

Hace unos meses, también China se comprometió a suprimir los tests con ratones o conejos para cosméticos. Estas medidas revelan la polémica que provoca la experimentación in vivo o con animales en investigación.

 

Sin embargo, muchos avances científicos que han salvado vidas humanas no habrían sido posibles sin el sacrificio en el laboratorio de nuestros primos irracionales.


Un ejemplo de libro: en 1921, en Toronto (Canadá), el adolescente de catorce años Leonard Thompson estaba al borde de la muerte. Tenía diabetes, una enfermedad para la que entonces no había cura. Pero en enero de 1922 una inyección de insulina –la primera de la historia– desarrollada por el médico canadiense Frederick Banting cambió su destino.

No eliminó la diabetes, pero Leonard recobró la salud. Luego los médicos probaron la insulina en otros enfermos, y la dolencia dejó de ser mortal de necesidad.

 

Hasta ese momento se sabía que el azúcar empeoraba la condición de los diabéticos, pero no había tratamiento y los médicos se limitaban a recetar dietas estrictas exentas de glucosa. Eso hacía que algunos pacientes vivieran algunos años más, en el mejor de los casos, o que murieran de malnutrición por las restricciones alimentarias.

 

El descubrimiento de la insulina, no obstante, también se llevó muchas vidas animales por delante, sobre todo, de perros. Banting y su ayudante Charles Best investigaron con un grupo de diez canes a los que quitaron el páncreas y les provocaron diabetes. A partir de las glándulas extraídas, lograron aislar la citada hormona, que inyectada a perros diabéticos hacía bajar el nivel de glucosa en sangre. Para asegurar el resultado, ampliaron el experimento a vacas y cerdos.

 

Fue así como hallaron la solución definitiva que, aunque no cura la enfermedad, permite a los pacientes hacer una vida normal. Por ello, Banting recibió en 1923 el Premio Nobel de Medicina, un galardón al que sin duda los cobayas contribuyeron decisivamente.

 

Más información sobre el tema en el reportaje La dura vida de las cobayas, en el número 395 de Muy Interesante, escrito por Cristina Sáez.

 

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Etiquetas: animales

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