¿Eres miope? La culpa es de la evolución

La evolución nos moldeó para un entorno distinto al artificial de hoy, donde esa adaptación es un lastre que causa enfermedades.

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Daniel Lieberman, paleoantropólogo y profesor de Biología Evolutiva en Harvard, es conocido por sus reflexiones sobre nuestro desarrollo como especie: desde las adaptaciones locomotoras de los primeros homininos, su dieta y sus modos de vida hasta los trascendentales cambios culturales y sociales ligados a la invención de la agricultura y la Revolución Industrial. Lieberman, como un moderno Charles Darwin, nos habla de la importancia de la selección natural y de los procesos adaptativos que han configurado la biología de nuestros cuerpos.

Uno de sus argumentos centrales es que la salud de nuestras sociedades se resiente cada vez más por culpa de la llamada hipótesis desadaptativa. Este es un concepto esencial en el emergente campo de la medicina evolutiva, disciplina que aplica las ideas desarrolladas por la biología evolutiva. Lo cierto es que crecen las enfermedades como la diabetes de tipo 2, la obesidad, la ansiedad y la depresión; y lo mismo pasa con el insomnio, el dolor de espalda, las alergias o la miopía. Todas ellas son dolencias casi desconocidas en las sociedades de cazadores-recolectores que aún subsisten en nuestro tiempo.

En el caso de la miopía, la moderna vida de interiores y las largas horas de lectura son sus causantes principales. Esta epidemia visual del siglo XXI (se estima que en 2020 un tercio de la población mundial será miope) se debe en buena medida al hábito de mantener la vista fija durante largos periodos en imágenes cercanas, como las palabras escritas en una página o en una pantalla. Los niños con riesgo de ser miopes por pasar demasiado tiempo encerrados leyendo o mirando las pantallas de ordenadores y móviles deberían salir más y hacer actividades en espacios abiertos. 

También ayudaría reemplazar las páginas impresas en el habitual negro sobre blanco por libros electrónicos que estimulen más visualmente con intensos cambios de color y brillo. Por ejemplo, se podrían proyectar los libros escolares e infantiles en las paredes de una habitación. Iluminar los interiores de forma más brillante y colorida también podría contribuir a evitar este problema visual.

 

Más información sobre el tema en el reportaje “El precio de la desevolución”, escrito por Mario García Bartual. Puedes leerlo en el número 420 de Muy Interesante.

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Etiquetas: cienciaenfermedadesevolución humana

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