En busca de los más viejos del universo

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Como si el universo guardara un recuerdo de sí mismo, la radiación procedente de las diferentes etapas de su evolución atraviesa el espacio hasta alcanzarnos. La luz nacida en los orígenes no desapareció sin más, sino que su huella nos permite reconstruir el pasado del cosmos. Se trata de una fina y constante lluvia de información que ha cruzado, parafraseando a Drácula, "océanos de tiempo".

 

Tal como ha aclarado a MUY el investigador del Instituto Astrofísico de Canarias Ignacio Trujillo, este fenómeno se debe a que la velocidad de la luz es finita. "Las señales que envía el robot Curiosity desde Marte tardan unos catorce minutos en llegar a la Tierra. La luz de la estrella más próxima al Sol, Alfa Centauri, se demora cuatro años, es decir, la vemos como era entonces. Los objetos más lejanos que somos capaces de captar están a algo más de 13.000 millones de años de nosotros", dice Trujillo. Esta equiparación entre lejanía espacial y temporal, con el espacio y el tiempo entrelazándose para formar una especie de ovillo, permite a los astrónomos contemplar la historia del universo como fotografías de un álbum familiar. En ellas pueden verse instantes de su nacimiento y desarrollo. Gracias a los ecos más distantes es posible incluso hacer retroceder las manecillas del reloj cósmico hasta sus épocas más tempranas.



Más información sobre el tema en el artículo Los más viejos (y lejanos) del universo, en el número 379 de Muy Interesante, escrito por Roger Corcho.

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Etiquetas: Universoastronomía

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