En busca de las superbaterías

Toda la constelación de dispositivos móviles que ha cambiado nuestra forma de relacionarnos y experimentar la realidad depende de la capacidad de almacenar la energía que emplean el mayor tiempo posible y distribuirla eficazmente. Y no es nada fácil. Las baterías son, de hecho, el talón de Aquiles de estos ingenios: su autonomía ha mejorado sensiblemente en los últimos años, pero no tanto como las prestaciones de los voraces sistemas portátiles.

 

Algunos expertos creen que en pocos años se dará un importante salto en este sentido, y apuntan que la incorporación del grafeno o el desarrollo de las pilas de litio-aire permitirían multiplicar varias veces las capacidades de los ingenios actuales.

 

El prototipo que ha ideado el ingeniero químico Elton Cairns, del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley, en California, del tamaño de una moneda, emplea materiales fáciles de obtener –lo que abarataría su coste– y una ingeniosa combinación de litio, azufre y óxido de grafeno que le permite almacenar entre dos y cinco veces más energía que las baterías convencionales. Es más, cuando Cairns y su equipo la examinaron tras 1.500 ciclos de carga y descarga, comprobaron que apenas había perdido la mitad de su capacidad, algo que hoy solo ofrecen las mejores de iones de litio.

 

Otros investigadores, como Chengdu Liang, del Departamento de Energía del Laboratorio Nacional Oak Ridge, en Tennessee, también han echado mano del azufre, en su caso para sustituir el electrolito líquido que incluyen las baterías normales para conducir los iones por otro de estado sólido, más seguro y que no se degrada tan rápidamente. El resultado es una pila con una densidad de energía cuatro veces mejor que las actuales.

 

El químico-físico Amador Menéndez Velázquez ha optado por otra estrategia. Junto con sus colegas del Departamento de Ingeniería Eléctrica y Ciencia Computacional del Instituto Tecnológico de Massachusetts, este ovetense presentó en 2012 una tecnología que utiliza unas moléculas fluorescentes orgánicas, depositadas en las pantallas de los dispositivos electrónicos, para captar la radiación luminosa y volver a emitirla.

 

Según detallan estos científicos en un estudio publicado en la revista Energy & Environmental Science, gracias a este fenómeno se puede aprovechar la luz ambiental para, por ejemplo, proporcionar energía a un ingenio portátil. Menéndez Velázquez y su grupo calculan que el aparato se autoabastecería, si la iluminación fuese de origen solar, y multiplicaría su autonomía por quince en el caso de una fuente artificial.

 

Más información sobre el tema en el reportaje Llegan las superbaterías, en el número 402 de Muy Interesante, escrito por Abraham Alonso.

 

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Etiquetas: tecnología

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