El trasplante de órganos animales en humanos, más cerca

¿Será posible llegar a vivir un día con un corazón de un ser de otra especie distinta a la humana?

La ciencia investiga en este campo, conocido como xenotrasplante, que podría aportar importantes ventajas, ya que sería una alternativa a la escasez de órganos provenientes de donaciones. La idea no es nueva; de hecho, el primer intento data de 1964. Lo llevó a cabo en Estados Unidos James Hardy, cirujano de la Universidad de Misisipi, quien implantó el corazón de un chimpancé a un enfermo cardiaco de 68 años, que murió noventa minutos más tarde, cuando el órgano del mono dejó de latir. 

 

Desde entonces no se ha dejado de investigar en esta línea. Muhammad Mohiuddin, jefe de Trasplantes en el Instituto Nacional del Corazón de Maryland, ha logrado recientemente que un babuino viviera 945 días –más de dos años y medio– con el corazón genéticamente modificado de un cerdo implantado en su abdomen. Por aquí parece ir la estrategia que sigue la ciencia.

 

En primer lugar, se ha visto que los órganos de la especie porcina resultan más viables que los de los primates para adaptarse al cuerpo humano. Por otro lado, hay que modificarlos genéticamente, humanizarlos, para que nuestro organismo los acepte como propios y el sistema inmunitario no los ataque. En uno de los últimos avances que marchan por esta línea, recogido en la revista Science, ha participado el biotecnólogo español Marc Güell.

 

A través de la técnica CRISPR-Cas –cuyas creadoras acaban de recibir el Premio Princesa de Asturias de Investigación–, un equipo dirigido por George Church, de la Universidad de Harvard, ha logrado eliminar el material genético de 62 retrovirus instalados en el ADN del cerdo, un paso para el uso de sus órganos en humanos. No es la única especie que puede venir en nuestra ayuda.

 

Tras un infarto, el cuerpo humano sufre graves secuelas, ya que la zona del corazón afectada se necrosa y deja de latir. Pero hay animales a los que un ataque cardiaco apenas les afecta. Por ejemplo, el pez cebra, cuyo corazón es capaz de regenerarse después de una lesión cardiaca gracias a su rápida división celular. Ventajas de estos peces: se mantienen bien en el laboratorio, son casi transparentes durante el desarrollo, ponen muchos huevos y su corazón, aunque tiene solo un ventrículo y una aurícula, está compuesto por cardiomiocitos como los nuestros.  

 

Imagen: Corazón bioartificial creado en el Texas Heart Institute a partir de células cardiacas de cerdo. Crédito: Cortesía Texas Heart Institute

 

Más información en el reportaje Así se reparan los corazones rotos. Las 6 técnicas más vanguardistas, escrito por Ainhoa Iriberri y Luis Otero. Puedes leerlo en el número 415 de Muy Interesante.

 

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Etiquetas: animalescienciacorazónsalud

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