El principio del fin del Tercer Reich

El verano de 1942 marcó el punto más alto de la marea nazi. A partir de entonces comenzaría el reflujo del imperio de Hitler, que no acabaría hasta que la bandera soviética ondease en la azotea del Reichstag, casi tres años más tarde.

 

 No obstante, aunque el punto de inflexión de la contienda suele situarse en la batalla de El Alamein, en octubre de 1942, y la capitulación germana en Stalingrado, en febrero de 1943, la realidad es que la derrota final germana había comenzado a incubarse mucho antes. 

 

Del mismo modo, pese a que está extendida la impresión de que Stalingrado fue el inicio de una larga serie de derrotas que llevarían inexorablemente al hundimiento final, lo cierto es que Alemania conservó todavía durante bastante tiempo la capacidad de poner en apuros a la coalición aliada, haciéndole pagar muy caro su derrota.

 

Aunque en el 42, la victoria alemana parecía estar todavía al alcance de la mano, el camino para llegar hasta allí se había visto enturbiado por dos grandes decepciones: el fracaso de la invasión de las Islas Británicas, en el verano de 1940, y la derrota a las puertas de Moscú, a finales de 1941. La imposibilidad de someter a los ingleses había dejado vivo a un temible enemigo en un momento de gran debilidad, mientras que el fracaso de la guerra relámpago en tierras rusas había dado la oportunidad a Stalin de plantear una prolongada guerra de desgaste.



Más información sobre el tema en el artículo Primeros tropiezos del Reich, escrito por Jesús Hernández. Aparece en el último monográfico de Muy Historia, dedicado al imperio nazi.

 

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Etiquetas: historia

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