El misterio de las jarras de los muertos

La densa selva, relativamente inexplorada, que se extiende a los pies de las montañas Cardamomo, en el sur de Camboya, es uno de los últimos refugios de un buen número de especies amenazadas, como tigres, elefantes asiáticos, gibones crestados o panteras nebulosas.

 

En esta remota región, se estableció una comunidad que vivió durante el declive de Angkor (hacia el siglo XV), cuando la zona aún estaba dominada por la cercana cultura jemer, con la que, sin embargo, aparentemente no estaba relacionada.

 

De ella se han conservado poco más que sus enterramientos, repartidos por una decena de enclaves en la jungla. En ellos, los restos humanos fueron depositados en grandes jarras (se conservan numerosos huesos, pero también objetos metálicos, anillos y abalorios) y rudimentarios ataúdes de troncos meticulosamente almacenados bajo salientes rocosos.

 

Fuesen quienes fuesen, las dataciones por radiocarbono llevadas a cabo por un equipo de investigadores coordinado por Nancy Beavan, del Departamento de Anatomía de la Universidad de Otago, en Nueva Zelanda, han revelado que desaparecieron de la historia hace unos 400 años, dejando tras de sí sus prácticas funerarias.

 

Según indican estos expertos, probablemente se trataba de minorías étnicas cuyos miembros eran vistos como salvajes por los jemeres que habitaban las tierras bajas y que incluso pudieron utilizarlos como esclavos.

 

Información aparecida en la sección de Prisma, con toda la actualidad científica, en el número 395 de Muy Interesante.

 

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