El microondas doméstico cumple 60 años

El primer horno de microondas que se comercializó parecía una enorme nevera esmaltada en blanco.

Rondaba el metro ochenta de alto e incorporaba un aparatoso sistema de refrigeración por agua, con lo que pesaba alrededor de 340 kilos. La compañía Raytheon, que lo presentó en 1947 con el nombre de Radarange, no pensaba introducirlo en los hogares. De hecho, su precio superaba los 5.000 dólares, por lo que no se vendió mucho, incluso entre restaurantes.

 

El paso decisivo que determinó el éxito de este tipo de electrodomésticos tuvo lugar el 25 de octubre de 1955, cuando la empresa estadounidense Tappan, que había suscrito un acuerdo con Raytheon y poseía una infraestructura de distribución adecuada para el mercado doméstico, lanzó el revolucionario RL-1.

 

Este microondas, parecido ya a un horno convencional, funcionaba a 220 voltios y trabajaba a 500 y 800 vatios. Aunque fue el primero de uso casero, su precio –unos 1.300 dólares– lo convertía en un producto de lujo. Estos aparatos no triunfaron en EE. UU. hasta finales de los años 60, cuando ya se vendían por menos de quinientos dólares. En España, no se comercializaron hasta los 80, pero a finales del siglo XX ya estaban presentes en seis de cada diez hogares. 

El horno de microondas es un pariente tecnológico del radar. Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, los físicos de la Universidad de Birmingham, en Inglaterra, habían inventado el magnetrón, un generador de microondas que permitió mejorar la capacidad de ese equipo, que los británicos usaban para detectar los aviones alemanes.

 

Finalizada la contienda y cuando trabajaba para la citada Raytheon, el ingeniero Percy L. Spencer advirtió un día que, tras manejar un magnetrón, se le había derretido una chocolatina en un bolsillo. Supuso que la responsable era la radiación emitida, así que sometió unos granos de maíz al efecto de esas microondas... y se convirtieron en palomitas.

 

Otras efemérides curiosas en la sección Días contados, escrita por Ramón Núñez. Puedes leerlo en el número 413 de Muy Interesante.

 

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Etiquetas: curiosidadestecnología

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