El laboratorio del Mengele japonés

En 1995, el periodista Nicholas Kristof, de The New York Times, entrevistaba a un granjero japonés de 72 años llamado Takeo Wano, que bromeaba mientras servía el pastel de arroz hecho por su mujer. Según tomaba notas el reportero, Wano cambió de tema y con una tranquilidad pasmosa le explicó con detalle cómo era la sensación de abrir a un hombre joven, desnudo y atado a una cama, para diseccionarlo vivo y sin anestesia. “Cuando cogí el escalpelo empezó a chillar. Le abrí desde el pecho hasta el estómago y gritaba terriblemente mientras su cara se deformaba a causa de la agonía”, recordaba el granjero.


Esta barbarie no fue un hecho aislado propio de un médico loco, sino parte de un programa de investigación con armas biológicas y cobayas humanas iniciado por Japón en 1930 y dirigido por el  el general médico del Ejército Imperial Shiro Ishii. Entre 1936 y 1942, de 3.000 a 12.000 hombres, mujeres y niños fueron mutilados, torturados y asesinados en nombre de los avances biomédicos. Recibían el nombre colectivo de marutas o leños, porque a las autoridades locales se les dijo que las instalaciones de Harbin, en Manchuria, donde se ubicó la Unidad 731, se correspondían con una serrería. Los leños eran miembros de la resistencia, prisioneros de guerra o detenidos por la Kempeitai, la policía militar japonesa, por actividades sospechosas.

Más información sobre el tema en el artículo El laboratorio del Mengele nipón, en el número 383 de Muy Interesante, escrito por Miguel Ángel Sabadell.

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Etiquetas: historia

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