El hombre del diluvio era una salamandra

Johann Jakob Scheuchzer, naturalista suizo, encontró un peculiar fósil en el año 1726, cerca de la localidad bávara de Öhningen, a orillas del lago Constanza.

 

Scheuchzer creía que todos los fósiles eran las víctimas del bíblico diluvio universal que no se habían salvado en el arca de Noé. Había dado con restos de numerosos peces y otros vertebrados, pero su máximo interés era hallar algún resto humano.

 

Se convenció de que el ejemplar de Öhningen era un esqueleto, bastante completo, de la raza de hombres que había desaparecido cuando tuvo lugar la gran inundación. En consecuencia, denominó al espécimen Homo diluvii testis, es decir, un hombre testigo del diluvio. Su contemplación debía inspirar en los pecadores un profundo arrepentimiento. 

 

El desmesurado tamaño del cráneo y la peculiar forma de las vértebras no le generó fundamentadas sospechas, y eso que Scheuchzer era también médico de profesión. Sin embargo, algunos de sus contemporáneos no compartieron su piadosa opinión y sugirieron que podía ser algún tipo de pez o lagarto.

 

En 1811, el naturalista francés George Cuvier lo examinó y comprobó que se trataba del esqueleto de una salamandra gigante del Terciario. Hoy en día, el ejemplar se denomina Andrias scheuchzeri (el hombre de Scheuchzer), como homenaje histórico a su errónea creencia.

 

Otras meteduras de pata de los paleontólogos, en el reportaje de Mario García Bartual que puedes leer en el número 401 de Muy Interesante.

 

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Etiquetas: cienciafósiles

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