El gran (y polémico) negocio de las revistas científicas

Las grandes revistas científicas, como Nature, Science o PNAS, son un referente fundamental del que depende en gran medida el trabajo y el acceso a financiación de miles de investigadores. Además, son las principales fuentes de información de numerosos periodistas de divulgación.

 

No obstante, algunos críticos, entre ellos el Nobel de Medicina Randy Schekman, señalan que, en realidad, velan más por sus intereses editoriales que por el avance de la ciencia.

 

Sus detractores indican que los responsables de estas publicaciones favorecen que aparezcan en ellas los contenidos que consideran más espectaculares, aunque ello vaya en detrimento de otras propuestas más rigurosas.


También aducen que emplean un oscuro sistema de revisión por pares o peer review (el método utilizado para comprobar que una investigación se ajusta a lo que sus autores plantean), en el que participa un pequeño número de supuestos entendidos en el tema cuya identidad permanece en el anonimato.

 

Este modelo no ha evitado que algunas de las principales revistas académicas hayan publicado trabajos muy polémicos o incluso fraudulentos, como el del surcoreano Hwang Woo-Suk, que en 2004 anunció que había clonado células embrionarias humanas, cuando no había sido así.

 

 

Sin embargo, como los artículos que aparecen en estos medios son mencionados en sus trabajos por otros científicos, que un estudio sea publicado en uno de ellos da notoriedad a sus autores. Estos, por otra parte, han de desembolsar ciertas cantidades para que puedan aparecer. Es más, estas editoriales, que según un estudio de la consultora Outsell obtuvieron en 2011 unos ingresos de 9.400 millones de dólares, cobran por acceder a sus estudios, aunque hayan pasado décadas de su publicación.

 

Algunos científicos plantean utilizar plataformas menos comerciales, como ArXiv o LIBRE, que permiten a los autores invitar a sus colegas a revisar su trabajo, y este puede ser debatido de forma pública. Por el contrario, otros expertos señalan que muchas de las nuevas publicaciones más “abiertas” no realizan un buen control de calidad (o directamente no lo llevan a cabo), lo que facilita que se extiendan falsas informaciones o estudios controvertidos.

 

 

Más información sobre el tema en el artículo La trastienda de las revistas científicas, en el número 395 de Muy Interesante, escrito por Miguel Ángel Sabadell.

 

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Etiquetas: ciencia

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