El furor de las 'revanchas porno'

Ojo con los vídeos que te haces con tu pareja: pueden acabar a la vista de todos.

Uno de los últimos fenómenos virales de YouTube es un vídeo revanchista subido por Kyle Boggess, un joven de California que dio una sorpresa a su novia por el último día de los enamorados. En la grabación se ve a la chica sentada en un sofá y con los ojos vendados, mientras su pareja le dice que le espera un regalo y le entrega una carpeta de plástico con un folio en su interior. 

Cuando la muchacha se quita la venda, sus ojos se encuentran con una impresión de los mensajes que ella había intercambiado en una web de citas con otro hombre, que resultó ser el propio Boggess. Este sospechaba la infidelidad de su novia y se había creado un perfil falso con el que la buscó en esa web hasta encontrarla y cerrar un encuentro con ella

El vídeo concluye con Boggess diciéndole a la chica: “Vas a ser famosa”. Al día siguiente, el amante despechado colgó la escena en YouTube. Resultado: 100.000 visionados en quince días, una prueba del gusto de muchos por estos desquites.

La atención que despiertan estos ajustes de cuentas más o menos sentimentales  es de tal calibre que en el Reino Unido, Estados Unidos y otros países se han promulgado leyes para frenar la llamada porn revenge (venganza porno), los vídeos sexuales grabados en la intimidad y difundidos cada vez en mayor número por exparejas despechadas. 

Además del castigo legal, las revanchas de este tipo –como todas las demás– pueden pasar otras facturas a quienes las perpetran. La psicología clínica nos aporta casos del fracaso de la venganza como táctica vital. Especialistas como la doctora Lyn Abramson, de la Universidad de Wisconsin-Madison, sostienen que el rencor acumulado durante mucho tiempo es uno de los factores que pueden desencadenar una depresión. Se sabe que la ira estancada constituye uno de los pilares básicos de esa enfermedad. 

Debido a sus prejuicios cognitivos, los pacientes que la padecen desarrollan una gran cantidad de resentimiento contra los demás –porque sus fantasías justicieras nunca se ven realizadas– y contra sí mismos por la impotencia que esto les genera. 

Su espera inútil de resarcimiento los lleva a pensar demasiado en lo que sucedió, en cómo ocurrió, en quién tuvo la culpa, en lo injusto que fue… Se detienen en el “debería haber ocurrido de otra manera” y eso les impide avanzar hacia una actitud más adaptativa del tipo “es así y tengo que asimilarlo”. Su enfado acumulado acaba convirtiéndose en un sentimiento de indefensión que se encuentra en la base de muchas depresiones y trastornos.

Más información sobre el tema en el reportaje “Las dañinas raíces de la venganza”, escrito por Luis Muiño. Puedes leerlo en el número 419 de Muy Interesante.

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Etiquetas: estréspsicologíasalud

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