El auténtico CSI de los huesos prehistóricos

Un hombre apasionado, un ejército de escarabajos hambrientos y una formidable nariz, capaz de lidiar con buenas dosis de mal olor.

 

La combinación de estos tres elementos ha dado origen a algunas de las piezas más espectaculares que luce la sala de vertebrados terrestres del Museo Nacional de Historia Natural, en Washington D. C., o la sala de mamíferos marinos de esta misma institución.

 

La osamenta de un león que parece prepararse para saltar sobre los visitantes, el esqueleto de una inmensa ballena que cuelga del techo... Todos ellos han pasado por el Laboratorio de Preparación Osteológica que dirige desde hace quince años John Ososky.

 

“La Institución Smithsonian alberga más de un millón de esqueletos completos o parciales de mamíferos, peces, aves, anfibios y reptiles; es la mayor colección de especímenes de este tipo en el mundo. Aquí es donde los diseccionamos y preparamos para almacenarlos o exhibirlos”, indica este biólogo y conservador.

 


Todos los años, el laboratorio de Ososky limpia los restos de más de un millar de ejemplares, desde colibríes hasta cetáceos. Cada uno es una muestra de la biodiversidad del planeta, y muchos son usados en el estudio de muy distintos aspectos de la biología de los vertebrados.

 

En su trabajo, Ososky cuenta con la ayuda de unos pocos colaboradores y de una colonia de escarabajos carnívoros tan hambrientos como eficientes. Los coleópteros Dermestes maculatus, conocidos como escarabajos de museo, se utilizan ampliamente en taxidermia. En la naturaleza, consumen la carne de animales muertos y plantas en descomposición, por lo que los expertos los emplean para que devoren el tejido blando de los especímenes.

 

Durante el proceso, dejan intactas las estructuras esqueléticas, incluso las más delicadas. Ososky destaca que “funcionan con la precisión de un cirujano”.  En la actualidad, su equipo prepara una gran biblioteca digital que permitirá a cualquier experto hacer consultas sobre el material genético de los huesos o de sus isótopos estables.

 

A partir de estos datos se podría saber dónde vivió un determinado animal, de qué se alimentaba, su relación con otras especies o cómo murió.

 

Más información sobre el tema en el perfil del biólogo y conservador John Ososky, en el número 399 de Muy Interesante, escrito por Ángela Posada-Swafford.

 

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Etiquetas: ciencia

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