Dos casos de reyes locos

Cuando murió Felipe IV en 1665, su hijo de cuatro años Carlos heredó la Corona española, bajo la regencia de su madre. Pronto quedó claro que Carlos II no valía para el cargo, mermado por las taras físicas y cerebrales de la endogamia practicada por los Austrias.

 

Algunos teólogos creían que su impotencia y retraso mental podían ser síntomas de posesión diabólica. El pueblo le apodó el Hechizado. Murió sin descendencia en 1700, lo que produjo la llegada de los Borbones al trono.

 

Otro caso singular fue el de Jorge III de Inglaterra (1738-1820), afectado por brotes de locura. En 1810, por su desequilibrio mental debió ser apartado de la Corona. Lord Auckland dejó constancia de su conducta perturbada: “Imagina que ha adquirido el poder de la inmortalidad y que puede hacer revivir de entre los muertos a quien le plazca.Parece que vive en otro mundo y que ha perdido todo interés en este”.

 

Jorge III sufría ataques de furia e incontinencia verbal. Se cree que sus desórdenes mentales podían deberse a la porfiria, una enfermedad sanguínea que afectó a varios reyes ingleses. También se han hallado restos de arsénico en su cabello, lo que también pudo influir en su errático comportamiento.

 

Más casos de gobernantes extravagantes en el reportaje ¡Chiflados al poder!, en el número 395 de Muy Interesante, escrito por Fernando Cohnen.

 

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Etiquetas: curiosidadeshistoria

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