¿De qué se ríe el muy perro?

Perros, monos y otras especies animales se ríen e incluso gastan bromas. ¿Eso implica que tienen sentido del humor?

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Según Marina Davila-Ross, de la Universidad de Portsmouth, en el Reino Unido, el gesto de la risa no aparece como mera consecuencia de una vocalización, sino que tiene su función propia. Según sus investigaciones, nuestros ancestros primates fueron los primeros en desarrollar los rasgos faciales característicos de esta manifestación de alegría, hace entre diez y dieciséis millones de años. Davila-Ross estudió las vocalizaciones inducidas por cosquillas en las cuatro especies de grandes simios –orangutanes, gorilas, chimpancés y bonobos– y las comparó con la risa en bebés. El análisis reveló muchas similitudes entre nuestras expresiones y las de ellos. Los grandes simios, además, son capaces de copiar los gestos de sus compañeros cuando están jugando. Y lo hacen a tal velocidad que hace pensar que se trata de una conducta involuntaria. O sea, que reírse también es contagioso entre los animales.

Los estudios comparativos demuestran que nuestros parientes más cercanos, chimpancés y bonobos, emiten un tipo de jadeo muy similar al patrón de los bebés humanos cuando ríen. En cambio, gorilas y orangutanes, más alejados de nosotros en la línea evolutiva, generan un patrón acústico diferente.
Cabe plantearse si nuestros parientes primates saben gastar bromas o hacer chistes, por ejemplo. A priori, la cantidad de vídeos de monos perpetrando trastadas que podemos encontrar en YouTube nos hace pensar en una respuesta afirmativa. En la Fundación Mona, sede de la APE, vive África, una chimpancé a la que le encanta chinchar a sus compañeros. Cuando estalla el conflicto, la mona traviesa da gritos, golpes y saltos y carga con las culpas a los demás como si no fuera con ella, disfrutando del espectáculo. “¿Es esto sentido del humor?”, se pregunta Miquel Llorente, presidente de la Asociación Primatológica Española (APE). Y responde: “Da la sensación de que África lo hace para mofarse de los demás y tocarles las narices cuando está aburrida, pero es una apreciación humana. Aun así, estos episodios demuestran que vale la pena intentar averiguarlo”.

La carcajada canina también ha llamado la atención científica. La etóloga Patricia Simonet, de la universidad estadounidense Sierra Nevada College, puso micrófonos en parques para registrar los sonidos que emitían los perros cuando jugaban con sus congéneres. Descubrió que los canes jadeaban entrecortadamente en mitad del divertimiento, lo que, asimismo, desencadenaba la alegría de los demás. Resulta sorprendente ver cómo las grabaciones de esas expresiones sonoras mejoran el estado de ánimo de ejemplares abandonados que se encuentran en centros de adopción.

 

Más información en el reportaje Guasones por naturaleza. Dossier: Anatomía del humor, escrito por Anabel Herrera. Puedes leerlo en el número 420 de Muy Interesante.

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Etiquetas: animalesempatíaperros

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