Conjurar las tormentas: una tradición arraigada

Desde la antigüedad, el miedo a las tormentas ha ido dando lugar a un sinfín de rituales –mitad paganos, mitad religiosos– destinados a la protección de los enseres y de las propias personas.

Una tradición que ha perdurado en el tiempo es encomendarse a algunos santos, en particular a santa Bárbara, la protectora contra el rayo por excelencia. Existen numerosas supersticiones, como la de hacer una cruz con sal en el dintel de la puerta de la casa, echar un puñado de sal al fuego o buscar amuletos para el esconjuro contra la tormenta, como ramas de laurel o de romero bendecidas.

 

Los exorcismos acostumbraban a hacerse desde unas construcciones de piedra diseñadas para tal fin. Se trata de los esconjuraderos, llamados en Cataluña comunidors, una palabra que tiene su origen en el término latino commonere, que significa precisamente ‘conjurar el mal tiempo con oraciones o exorcismos’.

 

Los esconjuraderos son pequeños edificios de piedra cuadrangulares, en forma de porche y abiertos a los cuatro puntos cardinales, que se ubicaban normalmente al lado de las iglesias. En los Pirineos quedan todavía algunos en pie. Cuando amenazaba tormenta, el sacerdote se dirigía a esa construcción y desde allí pronunciaba en voz alta el conjuro establecido.

 

Otros rituales meteorológicos en el reportaje ¡Qué llueva, Dios!, escrito por Ángel Viñas. Puedes leerlo en el número 413 de Muy Interesante.

 

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Etiquetas: cienciacuriosidades

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