Cómo fabricar órganos con impresoras 3D

El viejo sueño de fabricar órganos no le parece un imposible al doctor Anthony Atala, director del Instituto Wake Forest de Medicina Regenerativa, en Carolina del Norte (EE. UU.). Atala habla con acento pausado mientras una impresora 3D teje un riñón humano en un rincón, aunque se trata de un prototipo, sin estructuras internas. Atala está convencido de que en las próximas décadas será posible confeccionar desde cero vísceras de esa complejidad completamente funcionales.

 

–¿Qué órganos se cultivarán pronto y cuáles se harán esperar más?
–Antes que nada, tenemos que plantearnos varios niveles, a cada cual más complejo. La piel representa el ejemplo más sencillo: se trata de una estructura plana y está hecha en su mayoría de un solo tipo de células. En el segundo peldaño encontramos piezas tubulares como los vasos sanguíneos o la tráqueas. Aunque principalmente incorporan una sola modalidad celular, debes pensar en ellos como si fueran un conducto. El tercer nivel lo constituyen vísceras huecas no tubulares, como el estómago y la vesícula, mientras que en la cúspide de la sofisticación aparecen el corazón, el riñón o el hígado, los llamados órganos sólidos.

 

–¿Qué órganos ha logrado implantar en los pacientes?
–Hasta ahora lo hemos conseguido con los tres primeros niveles de complejidad. Y, por supuesto, estamos trabajando muy duro para cultivar órganos sólidos.

 

–¿Cuál es la principal estrategia que hay detrás de estas investigaciones? Parece claro que las terapias génicas fracasaron en su momento y que el uso de células madre para cultivar tejidos de reemplazo sigue sin estar claro.
–Cuando realizas trabajos de bioingeniería, hay dos factores fundamentales a tener en cuenta: los materiales utilizados como estructuras o moldes deben degradarse, y las células que forman los nuevos tejidos deben ser seguras. Por eso empleamos las de los propios pacientes.

 

–¿Y usan impresoras 3D?
–Normalmente confeccionábamos los tejidos y los órganos a mano, capa a capa. Hace unos doce años, empezamos a pensar que ese método servía para un número pequeño de trasplantados, pero no si nos enfrentábamos a miles de casos. Entonces surgió la idea de la bioimpresión.

 

–¿Cómo funciona?
–No es un proceso mágico: simplemente consiste en programar una impresora que automatice el proceso. Así puedes tejer una estructura plana o tubular, e incluso un órgano sólido.

 

Puedes leer la entrevista completa a Anthony Attala, realizada por Luis Miguel Ariza en el número 409 de MUY INTERESANTE.

 

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Etiquetas: ciencia

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