Así se limpia la escena de un crimen

Las empresas de Limpiezas Traumáticas se dedican a borrar la sangre, basuras y otros restos del escenario de un suicidio o un asesinato.

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La cifra de  suicidios se ha disparado con la crisis. Casi cuatro mil personas se quitaron la vida en España en 2014, a menudo de forma violenta. En esos casos, la familia, además de lidiar con el drama de la pérdida, debe enfrentarse a un escenario terrible y violento. Una vez que la policía y el juez cumplen su labor, ¿quién se ocupa de limpiar el lugar? Bajo el epígrafe "limpiezas traumáticas", en Google aparecen varias empresas –Bitra 112, DEP, Geindepo, Profi-Net, KSK…– que se dedican precisamente a borrar el rastro de muertes violentas o a desinfectar la casa de un fallecido afectado por el síndrome de Diógenes.

En Norteamérica, los equipos que hacen estos lavados específicos han de tener una acreditación y están amparados por una legislación especial, lo que no sucede en España, pese a que cada vez se dan más casos de este tipo. Los profesionales que eliminan restos de asesinatos, homicidios y otras tragedias lidian con elementos peligrosos, por lo que necesitan tener conocimientos bioquímicos sobre infecciones, descomposición de residuos orgánicos o evolución de fluidos, así como preparación psicológica para afrontar lo que van a ver y ejecutar, y para dirigirse con el máximo tacto a los familiares.

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En primer lugar, hacen una inspección para decidir cómo actuar y de qué piezas hay que deshacerse antes de iniciar el lavado. A veces deben tirar muebles, objetos y basura o incluso levantar suelos y paredes. Para limpiar, se enfundan en trajes aislantes con cremallera, capucha y botines, protección ocular y mascarilla-respirador para evitar contagios. Tras la limpieza con bacte­ricidas y germicidas, se eliminan los olores con ozono. Bayetas, guantes, esponjas, el equipo de protección y todos los elementos retirados del escenario –colchones, alfombras, cortinas, ropa– se llevan a un centro de destrucción de material biocontaminado.

La idea de crear en España una empresa especializada la importó de Estados Unidos Javier González, fundador de KSK-Limpiezas Traumáticas. Antes de lanzarse, buscó el consejo de la policía científica y de forenses y contactó con aseguradoras y funerarias para que recomendasen su servicio. "Al ser algo nuevo, desconfiaban. Hubo que insistir, explicarles cómo trabajamos y asegurarles que solucionaríamos un problema doloroso", dice González. Esas primeras dudas fueron superadas y ya hay varias compañías similares por todo el país.

No obstante, el recelo con que se trata el tema sigue presente y continúa siendo parte muy sensible de la formación de estos singulares limpiadores. Lo cuentan en Bitra 112: "Cuando nos dirigimos al sitio para decidir el material que vamos a necesitar, solemos aparcar a unas cuantas calles del lugar de los hechos a petición de los clientes. Muchas veces los vecinos nos preguntan y decimos que somos pintores, para guardar la intimidad del afectado. Limpiamos todo con minuciosidad, para que cuando los familiares vuelvan al lugar no encuentren ningún rastro de los hechos ocurridos".

Más información e impactantes fotos en el reportaje Limpiezas traumáticas, escrito por Miguel Mañueco. Puedes leerlo en el número 427 de Muy Interesante.

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Etiquetas: contaminaciónpsicologíasangre

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