¿Adiós big bang, hola big silence?

La teoría del Big Bang está siendo desafiada por nuevos modelos basados en la física cuántica que especulan con un inicio del universo distinto al comúnmente aceptado.

 

En sus primeros instantes, el cosmos no llegaba al tamaño de un átomo de hidrógeno, y las densidades de materia y energía eran inimaginablemente altas. Ahí, la cuántica es la clave para entender qué pasó. En ese nivel, el espacio-tiempo sufre fluctuaciones que no comprendemos. Sin una teoría cuántica de la gravedad –sin cuantizar esta– no podemos decir qué ocurrió el día de la creación.  

 

Los físicos creen que una gravedad cuántica eliminará la singularidad descrita en la relatividad general de Einstein, ese punto de infinita densidad donde se concentraban toda la masa y energía del universo antes de comenzar a expandirse, ese lugar donde la física convencional se rompe y la teoría cuántica manda.

 

En ese ámbito aún inexplicable entran en juego la teoría de cuerdas y su competidora, la gravedad cuántica de bucles, que sostiene que el espacio-tiempo se compone de lazos y bucles de dimensiones infinitesimales, y está atomizado. Además, ha surgido una propuesta que, partiendo de estas dos teorías, pretende explicar qué sucedió en el momento de la Gran Explosión. Es la triangulación dinámica causal (CDT, por sus siglas en inglés).

 

En esta formulación, el espacio-tiempo puede existir en diferentes fases, como sucede con el agua, que se presenta sólida, líquida o gaseosa en función de la temperatura a la que esté. Igual pasa con la geometría del universo: en el momento de su alumbramiento, cuando poseía una temperatura elevadísima, el espacio-tiempo podría haber tenido una fase –léase, aspecto– diferente de la actual. En particular, una en la que el conjunto del espacio-tiempo se rompe en pedazos fortuitamente desconectados; o sea, lo que sucede en un fragmento no influye en lo que ocurre en el otro. Esto lleva a una inquietante situación: el cosmos surgió cuando nada estaba unido causalmente con nada. Nos habríamos topado con el Gran Silencio que cambiaría nuestra visión del espacio-tiempo como un continuo.

 

Más información sobre este tema en el reportaje Del Big Bang al Big Silence, escrito por Miguel Ángel Sabadell para el número 406 de MUY INTERESANTE.

 

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Etiquetas: Big Bangastronomíacienciafísica

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