1906: llega la tecnología para hacer permanentes

Hace 110 años, un peluquero alemán llamado Karl Nessler presentaba al mundo un método capaz de rizar el cabello de forma duradera y sin dañar la piel.

Máquina Icall para permanentes

La permanente, es decir, el lograr un ondulado duradero, implica deshacer la estructura interior del cabello, rompiendo enlaces entre las cadenas de proteína –una queratina rica en azufre–, y luego restablecerla, tras dar al cabello la forma deseada –liso, ondulado o rizado–. La clave está en los enlaces de azufre, cuya fractura se obtiene por vía química y térmica.

A finales del XIX se usaban unas tenazas curvas que se enrollaban en el pelo, una vez calentadas a la llama de alcohol. La temperatura se contrastaba con un papel de periódico: si este se tostaba ligeramente, era la correcta; pero la operación terminaba muchas veces oliendo a cuerno quemado.

Una aportación importante fue la del peluquero Karl Ludwig Nessler, que tenía un salón de belleza en la londinense Oxford Street. Tras ensayar distintos agentes químicos para doblegar el cabello de forma duradera y sin dañar la piel, el 8 de octubre de 1906 realizó la primera demostración de ondulado permanente. Humedeció el cabello con un álcali suave –usó primero una mezcla de orina de vaca y agua–, colocó unos rulos para enroscarlo por mechones y luego les aplicó unas pinzas cilíndricas calientes. Pronto realizó el calentamiento con resistencia eléctrica.

El relevo lo tomaron el peluquero suizo Eugène Suter y el técnico español Isidoro Calvete, que en 1917 crearon una máquina eléctrica basada en calentadores tubulares de aluminio que podía usarse para cabellos cortos.

Puedes leer íntegramente el artículo Se inventa la tecnología para hacer la permanente, en la sección Días contados, escrita por Ramón Núñez, en el número 425 de Muy Interesante.

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Imagen: Louis Calvete / GNU / CC

Etiquetas: cabellohistoriainventos

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