En busca del ADN podría ser el lema de este Indiana Jones de la genética que va por el mundo siguiendo la pista a las migraciones humanas para comprender nuestra historia y la tendencia o resistencia de las distintas poblaciones a ciertas dolencias hereditarias. En un futuro, cuando la tecnología lo permita, el material recogido por el biólogo molecular René Herrera estará disponible para ser estudiado y usado en tratamientos de medicina preventiva para luchar contra las enfermedades genéticas.
–¿Cómo enfocan el trabajo en su laboratorio?
–Buena parte de los esfuerzos se dirigen a obtener muestras de ADN de poblaciones a nivel mundial para guardarlas en un banco que nos ayude a estudiar las variaciones genéticas entre grupos humanos. Es una herramienta que nos permitirá estudiar el viaje que los hombres hemos emprendido como especie y cómo es que llegamos a ocupar los diferentes puntos del globo.
–¿Cuántas muestras tienen?
–Tenemos unas 10.000 de más de 200 poblaciones, entre las tomas de ADN que hacemos nosotros y algunas muestras que me envían colegas de todo el mundo de poblaciones asiáticas, centroamericanas, africanas, europeas –incluyendo el País Vasco y la isla de Creta– y del Pacífico Sur. También tenemos tejidos de momias sudamericanas, materia gris intacta de los primeros habitantes de Florida y sangre de las tribus Mapuche, Arawak, Kogui y Surui, entre muchas otras. Éste es uno de los mayores bancos que existen de ADN huma no. Está en refrigeradores que contienen miles de tubos, cada uno con una historia que contar.
–¿Por qué es tan importante guardar ADN de esos pueblos?
–Porque su relativa pureza genética se perderá para siempre en la inevitable mezcla interracial que se da en todo el planeta. Con los avances en el transporte y las comunicaciones, ni la más remota tribu indígena está exenta de entrar en contacto con otras poblaciones y perder esa distinción que la hace única. Y sobre todo porque, dado que muchos grupos humanos son susceptibles o resistentes a enferme dades genéticas, el ADN que recoge mos y guardamos permitirá, cuando exista la tecnología, estudiarlas y tratarlas con medios de inge niería genética. Quizá en un futuro podamos encontrar una cura permanente a ciertas enfermedades modificando o sustituyendo el material genético que hemos preservado.
–¿Qué tipo de enfermedades?
–Los habitantes de la región del Lago Maracaibo en Venezuela, por ejemplo, tienen una altísima incidencia de la enfer medad de Huntington, que deterio ra el siste ma nervioso central y causa un movimiento descontrola do de las extremidades. Este gen defectuoso fue transmitido por una emigrante española a finales del siglo XVIII. Otros casos son el albinismo en el noreste de Puerto Rico, que supuestamente viene de Holanda, y el alto índice de RH negativo entre los vascos, que puede producir incompatibilidad entre la madre y el feto durante el embarazo.
–¿Cómo recogen el material?
–Organizo expediciones anuales con mis estu dian tes del Grupo de Investigaciones en Diversidad Genética Humana para recolectar muestras de sangre o tejidos de po blaciones que aún no se han mezcla do. Recientemente estuvimos en Taiwán, donde recogimos muestras de los descendientes de una población que aparentemente dio origen a todas las lenguas del Índico y el Pacífico, desde Mada gascar hasta la isla de Pascua. Como en el laboratorio tenemos muestras de todos estos sitios, vamos a compararlas para averiguar si realmente su origen común está en Taiwán. El año pasado estu vimos en Australia, Creta, Egipto y Omán.
–Su diario de viajes se lee como las crónicas de Indiana Jones. ¿Qué aventuras recuerda más?
–Ha habido de todo. Me ha tocado esquivar los bombarderos que patrullan la frontera indopakistaní en Cachemira, caminar por precipicios en el Himalaya, cabalgar en camello por los desiertos de Arabia Saudí, inclinarme ante un jefe indio que alega que sus genes son patrimonio nacional, escapar de brotes epidémicos, trabajar para la policía de Omán, echarme a dormir en cualquier rincón y comer cualquier cosa sin preguntar qué es. Un día le pedimos una muestra de saliva a un aborigen australiano que salía de una pizzería. El hombre estaba algo bebido y la mitad de la saliva cayó en mis manos y no en el recipiente. Luego en el laboratorio vimos que el ADN recogido contenía material genético del tomate, el pimentón y el cerdo, además del humano. Otra vez que fuimos a Nepal y yo llevaba a mi hijo de 13 años, al llegar estalló una guerra civil. En Katmandú había gente armada hasta los dientes y la guerrilla quería volar el aeropuerto. Como teníamos que salir de la ciudad para tomar las muestras, temíamos que nos secuestraran. Por suerte no pasó nada.
–¿Qué hacen con las muestras de sangre que han recogido?
–En algunos casos las inmortalizamos, y esto es más que un térmi no poético. Lo que hacemos es aislar los glóbulos blancos o linfocitos de cada muestra en una centrifugadora y luego los infectamos con el virus de la mononucleosis, que transforma las células blancas en células cancerosas, es decir, las hace inmortales, porque los tumores nunca mueren. Este proce dimiento permite a las células crecer y multiplicarse en cualquier momento. Es posible congelarlas y descongelarlas varias veces y seguir trabajando con ellas. Aunque el virus transforma las células, es poco probable que llegue a afectar a los genes que van a someterse a estudios posteriores. De esta manera, inmortalizar una muestra de sangre es mucho más que simplemente congelarla. Pero en la mayoría de los casos lo que hacemos es purificar el ADN de la sangre u otros tejidos, y congelarlo, sin conservar las células.
–¿Por qué razón analizan ustedes el cromosoma Y, que es el que define el sexo masculino?
–El cromosoma Y es idóneo para nuestras investigaciones. Primero, porque es mucho más grande que el ADN de las mitocondrias, que heredamos por vía materna; segundo, porque muchas de las migraciones humanas fueron sobre todo masculinas; y tercero porque el cromosoma Y apenas cambia: el de un hombre es en un 99,9% idéntico al de su hijo y al de su padre.
–¿Usted colabora con el FBI?
–Sí, colaboramos en casos forenses con el FBI y varios organismos internacionales públicos y privados –entre ellos, algunos laboratorios de España–, suministrándoles bases de datos genéticos de distintas regiones para obtener patrones que ayuden a esclarecer la inocencia o culpabilidad de un acusado en un caso criminal. Últimamente estamos colaborando con el FBI en análisis de ADN de poblaciones de Oriente Medio, por razones obvias de seguridad. Es una herramienta de investigación para poder deter minar, por medio del ADN, igual que se usa en casos criminales, de dónde son los posibles implicados en un atentado y tener una idea de a quién ir a buscar. En la última expedición para el FBI sacamos sangre de más de 100 individuos. No le puedo decir más. Ahora bien, desde el punto de vista científico es interesante para nosotros porque una de las primeras migraciones humanas atravesó Irán, cruzando por el Estrecho de Ormuz, que entonces era tierra firme.
–¿Qué se sabe de las migraciones en la zona de Oriente Medio?
–Puesto que ya tenemos material de Yemen, Omán, Katar, Bahrein, Turquía, Emiratos Árabes e Irán, entre otros lugares, en el futuro tendremos una visión muy completa de las migraciones humanas que pasaron por toda la región, y podremos trazar su evolución desde esa época muy temprana. Por las investigaciones que hemos realizado hasta ahora en Irán pensamos que la antigua Persia fue el eje de una rueda de la cual salieron varias migraciones en diferentes direcciones, lo cual es factible porque el hombre salió de África por ese camino. Esa población perma neció en Persia por un tiempo, quizá por la dificultad de cruzar las montañas que rodean la región, y luego comenzó a emigrar hacia Europa y Asia. Algunos volvieron a África.
–¿Por qué es tan interesante el caso de los vascos?
–Es un pueblo muy interesante porque se cree que desciende directamente de los cromañones, grupos paleolíticos que pintaron Altamira y Lascaux. Ellos representan un enclave, un refugio que existía en la península durante la última glaciación y que dio origen a diferentes expansiones de ese foco. Hemos hecho un estudio donde analizamos los cuatro principales grupos vascos que será presentado este año a la Revista Europea de Genética Humana.
–¿Qué regiones tienen pensado visitar este año?
–China, Nigeria y Tonga, en el Pacífico. El área de Nigeria es importante porque es supuestamente el lugar donde la agricultura entró en África, muy tardíamente, hace aproximadamente 3.000 años. La penetración de esa nueva tecnología dio origen a una nueva cultura invasora llamada bantú, que impregnó toda África subsahariana. Se abrieron en dos direcciones, hacia el oeste y hacia el sur, y hoy en día es posible trazar genéticamente la trayectoria de ese foco que empezó en Nigeria: podemos ver la degradación de los genes a medida que nos vamos alejando del foco. La información que nos da el cromosoma Y es muy precisa, por eso queremos tratar de determinar dónde empezó esa diáspora bantú, que fue una de las más importantes después de la migración del Pacífico.
–¿Es cada vez más difícil viajar a ciertas partes del mundo?
–Sí, pero ser cubano me ayuda mucho en mi trabajo de campo. Cuando lo menciono, me abren los brazos y me tratan como un a hermano. En muchos lugares no podría hacer el traba jo que hago como estadouni dense. En países donde hay muchos musulmanes no puedo decir que soy de EE UU; allí uso mi nacionalidad cubana.
–¿Qué problemas cultu rales ha encontrado en sus viajes?
–En algunos países hacer extracciones sanguíneas es compli ca do por desconocimiento y prejui cios. En Nigeria hay quien se niega a dar sangre a un extraño para que no hagan magia negra con ella, aparte de que hay miedo a las infecciones. A veces nos falta la infraestructura necesaria, porque las muestras de sangre tienen que llegar al laboratorio en el plazo de una semana a diez días como máximo para que no se descomponga. Pero aparte de tener que lidiar constantemente con el “mañana lo hacemos”, lo cual me cuesta porque en el trabajo científico tengo la precisión de un suizo, mi experiencia en todos esos países ha sido buena por la gente. He visto que puedo comuni car lo que necesito y convencer a los demás de que me ayuden. La buena voluntad existe en todo el planeta.
–¿Cómo ve el futuro de la biología y la inge nie ría genética?
–La tecnología avanza a pasos agigantados. Hoy lleva semanas o días lo que hace cinco años costaba meses. Si usted viene a verme dentro de un mes le hablaré de otra historia distinta que hoy ni imagino. Para mí es un privilegio vivir en esta época. Es un Renacimiento a toda velocidad.
Ángela Posada-Swafford
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