Raros, raros, muy raros

23 Enero 2009

Etiquetas: rarezas, excentricos, frikis


reportaje-rarosYa quedó atrás el tiempo en que frikis, excéntricos y gente peculiar de toda condición debían esconder sus rarezas. Ir a contracorriente es un valor en alza y, como apuntan los investigadores, incluso puede ser la llave del éxito.

A Ben Cook se le consideraba un chico excéntrico y poco avispado. Había dejado sus estudios muy pronto, estaba siempre en las nubes y parecía incapaz de centrarse en nada. Se pasaba el tiempo escribiendo con el móvil a sus amigos y sus padres le regañaban a menudo por esta costumbre –mandaba SMS incluso durante la celebración de la misa–. El buen muchacho sólo podía presumir de enviar un mensaje sin un solo error con el teléfono guardado dentro del bolsillo de su pantalón o debajo de un escritorio.

Pero Ben consiguió hacerse famoso en 2004, cuando ganó el campeonato mundial y batió el récord de velocidad de escritura de SMS. En la gran final, seguida por cientos de miles de espectadores a través de varios canales de televisión, derrotó a su amigo Dave Stoddard. Sus números impresionaron a todos: consiguió escribir “The razor-toothed piranhas of the genera Serrasalmus and Pygocentrus are the most ferocious freshwater fish in the world. In reality they seldom attack a human”, es decir, 160 caracteres, en 57,75 segundos. Seguramente, la cuantía del premio hizo olvidar la fama de rarito del chaval y sacó a sus padres de la pobreza. Y además, sirvió para que muchas personas volvieran a tener constancia de una realidad: ser peculiar puede resultar, a la larga, beneficioso.

Los científicos siempre han tenido en cuenta la idea del valor adaptativo de la diversidad, sobre todo desde la revolución darwiniana. La variabilidad es la materia prima de los procesos evolutivos. Para que la selección natural pueda actuar sobre un carácter, tiene que haber varias opciones, es decir, varios alelos o variantes del gen que determina ese rasgo. El estadístico y biólogo Ronald Fisher (1890-1962) demostró matemáticamente que cuantos más alelos existan, más probabilidad habrá de que uno de ellos se imponga al resto. Esto implica que la variabilidad genética en una población aumenta el ritmo de la evolución.

Hay otros ámbitos en los que se ha ido incorporando la idea de que lo poco habitual es importante y merece ser estudiado. Un ejemplo reciente es el éxito del libro El cisne negro, del matemático y bróker libanés Nassim Nicholas Taleb, que analiza la naturaleza de los acontecimietos altamente improbables. Taleb argumenta que hay tres características comunes a esos sucesos: son impredecibles, generan un tremendo impacto y, después de que han ocurrido, dan pábulo a multitud de explicaciones ad hoc para justificarlo. El éxito de Google o YouTube son dos ejemplos clásicos. El autor denomina a estos hechos “cisnes negros”, porque hasta el siglo XVII se creyó que sólo existían los de color blanco y el descubrimiento de ejemplares oscuros en Australia originó multitud de teorías.

Sin embargo, los investigadores de ciencias humanas parecían haber olvidado la importancia de la variabilidad hasta hace unos años. La tendencia general era la normalización: se analizaba el comportamiento general de los individuos y todo lo que estuviera fuera de la regla se consideraba sospechoso de ser patológico. Se olvidaba frecuentemente la lección que debieron aprender los padres de Ben dedo veloz Cook: el ambiente cambia, y lo que antes resultaba inadaptado puede llegar a ser un valor para la supervivencia.

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A mediados del siglo XIX, el médico británico William Acton presentó los resultados de su estudio sobre la sexualidad humana. En él reflejaba que algunas mujeres tenían orgasmos durante las relaciones íntimas y sostenía que ese efecto era un trastorno producido por la sobreestimulación. Cien años después, William Masters y Virginia Johnson llegaron a la conclusión completamente opuesta de que el trastorno era la carencia de orgasmos.

La duda acerca del potencial de rasgos considerados como extraños ha asaltado a muchas personas. El escritor Edgar Allan Poe la expresaba así: “Los hombres me han llamado loco, pero aún está por aclararse si existe la locura o si no se trata de la más elevada inteligencia... Si mucho de lo que es maravilloso, si todo lo que es profundo, proviene de desvaríos del pensamiento, de los humores de una mente exaltada a expensas del común entender”.

La sociedad ha cambiado, y hoy en día se empieza a analizar lo diferente desde otro punto de vista. Psicólogos, psiquiatras, neurólogos y otros investigadores de la mente humana se han lanzado a la caza de los comportamientos extraños y tratan de desentrañar cuáles podrían ser sus valores adaptativos.

Uno de los más recientes ejemplos es la investigación acerca de la excentricidad realizada por un equipo de neuropsicólogos dirigido por David Weeks, del Royal Edinburgh Hospital, en Escocia. Según sus criterios, una persona occidental de cada 10.000 puede considerarse rara, y una de cada 15.000, totalmente excéntrica. Una parte de su trabajo se dedicó a averiguar si existían parámetros bioquímicos diferenciadores. La conclusión principal es que, durante su actividad intelectual, las gente singular incrementa la producción de las hormonas que solemos generar cuando realizamos ejercicio físico o mantenemos relaciones sexuales.

Por otra parte, las conclusiones de su estudio contradicen la idea común acerca del sufrimiento de los peculiares. “Si un hombre está en una minoría de uno, lo encerramos bajo llave”, decía el eminente jurista de Massachusetts Oliver Wendell Holmes (1841-1935). Sin embargo, Weeks y sus colegas constataron que los extravagantes acuden al médico una vez cada nueve años de promedio, mientras que la población general lo hace dos veces anualmente. Esta buena salud es causada seguramente “por su insultante felicidad”. La investigación arroja un patrón de personalidad caracterizado por el inconformismo, el idealismo y la obsesión por sus aficiones. Y además, presentan un alto grado de tolerancia a la frustración: son individuos que exploran nuevos caminos y no temen los fracasos. “En cada campo, aceptan cualquier reto. Eso sí, la calidad no es su lema: pueden ser geniales o nefastos”, apunta el director de la investigación.

El proyecto de Weeks también incluía una aproximación a la vida de ciertos personajes históricos. Y su conclusión, aquí sí, daba la razón al imaginario colectivo: muchos de los grandes creadores y descubridores de la historia entrarían en la categoría de excéntricos. Son conocidos los casos de Benjamin Franklin, que se paseaba a menudo desnudo –“estoy tomando baños de aire”, parece ser que decía– u Oscar Wilde, que pidió champán en su lecho de muerte “para morir por encima de mis posibilidades”. También fueron muy suyos, según este neurólogo, personajes de la talla de Galileo, Kepler, Darwin o Einstein.

Estas sugerencias del estudio del Royal Edinburgh Hospital vuelven a poner sobre el tapete un valor evolutivo. Es difícil pensar que la humanidad no necesita personajes como Newton, otro de los raros censados por Weeks. Pero también es cierto que muchas de las ventajas evolutivas de este tipo de individuos fueron problemáticas para su tiempo y lugar. Un buen número de los citados en la investigación murieron por ser diferentes. ¿Sucede lo mismo en la actualidad? ¿Es desadaptativo ser especial?

Dustin Wood, profesor de Psicología de la Universidad Carolina del Norte, en EE UU, cree que no. Sus investigaciones, centradas en el desarrollo de la personalidad, concluyen que hasta tiempos recientes la expresión de nuestros rasgos estaba regulada por una especie de barómetro que nos indicaba cómo actuar según lo estipulado. En la cultura occidental, este regulador ha dejado de existir: lo ordinario es lo excepcional. Se valora cada vez más la individualidad y los rasgos sobresalientes. De hecho, según este profesor, el imaginario colectivo empieza a asociar la normalidad con la neurosis. A los que no sobresalen se les tacha enseguida de rígidos y poco aventureros.

La cuestión transcultural es, desde luego, esencial en este asunto. En las sociedades colectivistas resulta mucho más difícil encontrar personas a contracorriente. En japonés, por ejemplo, la palabra “excentricidad” no existe. El único concepto que se le asemeja –haaji– es una combinación de vergüenza y culpabilidad que se asocia a comportamientos extraños.

En culturas individualistas como la nuestra, sin embargo, ser raro está cada vez mejor visto. Las nuevas generaciones se criarán con héroes como Shrek, que hace gala de su carácter arisco. “Un ogro es como una cebolla. Las cebollas tienen capas. Los ogros tenemos capas”, dice el verde protagonista. Aunque su compañero, el asno, le replica: “Sabes... las cebollas no gustan a todos. ¡Tarta! ¡A la gente le gusta la tarta! ¡Y también tiene capas!”. Shrek sabe que basta con que haya unos pocos a los que les gusten las cebollas… y vivir en una sociedad donde los diferentes son aceptados.

Por Luis Muiño




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Miguel  - Quizá todo siga como siempre   |2009-01-23 20:35:03
Siempre ha habido gente que transcurre dentro del caudal colectivo y gente que
lo hace fuera de el. Siempre se ha señalado con el dedo a quien los que estan
fuera, pero siempre se ha aplaudido y homenajeado a los genios, pero a los
genios reconocidos. Un mismo genio momentos antes de ser proclamado como tal,
pasa de ser señalado a ser aplaudido.
En resumen, no ha cambiado mucho la
cosa. Ahora se sigue señalando igual a los que transcurren fuera del rebaño,
pero en la sociedad de la comunicacion, cada vez se muestran mas logros de
personas que muestran excentricidades. La excentricidad a su vez se pone de moda
y genera individuos, que pasan a ser excentricos por modismo. La borrachera de
excentricidad tampoco perdono a Franklin, que tomaba desnudo sus baños de aire,
pero que fue precursor de multar a quien a una hora del dia tubiera la persiana
bajada por no ser horas de dormir. Si el noctambulo hubiera sido el y dada su
ricardo gonzalez resendiz  - Estoy de acuerdo contigo   |2009-02-05 00:51:22
Estoy totalmente de acuerdo con tu comentario sobre la gente exèntrica. Aùn
las cosas siguen sin cambiar en nuestra sociedad, la cual nos dice que hay
libertad de expresión de cualquier tipo. pero que sucede actualmente con la
nueva, no se como llamarle, clase de gente que ha salido a la luz pública, a
los jòvenes que se les dice Emos, son totalmente señalados por todo mundo,
incluso discriminados y maltratados. las cosas siguen igual y seguirán siendo
igual mientras las personas se descarrilen
Miguel  - A la redaccion   |2009-01-23 20:39:19
Sería bueno un indicador para saber cuando te estas excediendo en el
texto.
Tambien un cursor para poder revisarlo desde el principio como habia
antes.
Gracias por el trabajo que haceis.
Rosa Sánchez  - Depende donde seas diferente   |2009-01-24 13:24:23
Ser diferente hoy en día depende mucho del entorno social en el que vivas, la
tolerancia va directamente proporcionada con el número de habitantes y con
otros factores ambientales. Hay muchas personas que en una ciudad de tamaño
medio serían consideradas "normales", pero en un pueblo pequeño no.
Los Frikis (raros) están considerados, por la publicidad de la que han sido
objeto, no siempre con las mejores intenciones, como personas inteligentes con
un grado de locura infantil. Yo soy diferente y aliento a mis hijas para que lo
sean, que no se conformen con las costumbres establecidas porque fuera de ellas
hay mucha diversión.
Milena  - Lo importante   |2009-01-24 20:49:57
Lo importante no es ser diferente o no, lo importante pienso yo, es sobresalir
en un campo, en un saber, actividad o aptitud. Lo importante es mejorar y
agrandar cada vez nuestros conocimientos y saberlos aplicar en nuestro actuar de
la forma en que sintamos que crecemos como personas, como humanos.
CHAULA  - interesante   |2009-01-26 22:17:04
considero que de alguna manera es su llave a la felicidad ya que no siguen
esquemas cuadrados que solo hacen presas a las personas y escuchan a su interior
y hacen lo que necesitan para ser feliz aunque se salgan de los patrones
establecidos por la sociedad siempre y cuando no se lastimen terceros en ellos
seria bueno seguir el ejemplo
fuynfactory   |2009-01-27 13:20:41
no seas tribualistas
"los que llamais frikis, somos minoria
tribu-urbana"

si fueramos todos el mundo "otakus" y hubiera un
"yupi" ese seria minoria tribu-urbana ... seria el friky para los demas

:P
luis f tejada  - hola melissa del sol   |2009-01-29 16:56:34
hola melissa del sol no tengo el enorme gusto de conocerte pero me considero un
asiduo lector de muy interesante desde que era pequeño me ha gustado leer este
revista te cuento que soy de quito ecuador tengo 32 años y te queria hacer una
pregunta que elemnetos deberia tner una persona para ser considerada freaky o
simplemente los podrias confundir con inadaptados sociales que nunca pudieron
ser entendidos es muy dificil pienso catalogar de hecho cada ser humanotiene un
tipo de comportamiento unico claro que hay personas que siguen las normas con
regularidadpero eso no los hace menos valiosos que los freakies porque nuestra
sociedad actual busca la cualificación, ponernos un valor intrínseco a todos
los seres humanos cuando en realidad la especie es ecologicamente parásita y
valoramos nuestros parametros enmarcados desde una visión antropocéntrica
crees que para el entorno cosmico tiene valor las teorias de einstein,newto...
Melissa Del Sol  - Salvar el mundo   |2009-01-28 19:51:09
Siempre lo he dicho, los frikis salvaremos el mundo
Morgana   |2009-01-28 20:25:51
Creo que en primer lugar deberíamos saber a qué llamamos frikis: hasta hace
nada yo iba llamando friki a todo bicho viviente con pinta extraña o extraños
gustos y resulta que el bicho raro soy yo.

Y, en segundo lugar, por si a
alguien le interesa he votado que no a la cuestión sobre el tema. Y mi negativa
la planteo en base a mi experiencia, aparentemente todo es normal, pero cuando
se tocan ciertos temas y defiendo mis verdaderos intereses la gente empieza a
mirarme de forma extraña. Debería estudiarse la aceptación del sadomasoquismo
en sociedad.
David  - Hace 3 años escribí esto. Hoy creo que hay más gen   |2009-01-29 19:03:53
Todos tenemos, en mayor o menor medida, la necesidad de que nos descubran.


No solamente, esa necesidad de que la gente a nuestro alrededor, dé más
profundidad a nuestros actos, y que mediante la empatía se ponga en nuestro
pellejo, aprobando cada una de nuestras acciones, reconfortándonos de esta
manera.

Reconocimiento social. Hacer que tu manada te acoja. Hacer más
fácil tu vida dentro de un grupo. Triunfar. Ser querido. Ser aceptado.

Es
peor. Estamos esperando que nos digan como somos realmente, que su
justificación de lo que hacemos nos sirva a nosotros mismos luego como excusa.
Para ello recurrimos a psicólogos, médicos, abogados...Gente que necesita de
lo mismo(dicen que todos los psicólogos acuden a otro).

La respuesta a
nuestros actos está dentro de nosotros. No digo que haya que ser muy duro con
uno mismo, o mortificarse si he realizado alguna acción reprobable. No digo que
no lo haya hecho...
Carlos  - NERDOS   |2009-01-30 23:14:53
jaja este articulo se refiere mas bien a los nerdos, porque de que sirve un wey
que sea raro y pendejo pues como que no, y si tiene mucha razon la mayoria de
las veces los grandes empresarios y gente importante y adinerada de chicos eran
los raros que nadie queria en la escuela, por ejemplo Bill Gates y muchos otros
más.... o también el caso de los niños ricos que sus papas les heredan y asi
pero bueno casi siempre es asi.
ayla  - Lo confirmo!   |2009-01-31 19:25:42
Confirmado!!! Yo he encontrado la llave!!!! Se la he intentado mostrar a los que
me rodean, pero me miran con una caraaa. Yo siempre he sido tildada de loca,
pero si buscar la auténtica felicidad, y de paso encontrarla es locura
¡BIENVENIDA SEA LA LOCURA! Ahora escribo, un blog, y poesía! Tal vez cuando
sea una poeta reconocida se me aplauda.