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La obsesión enfermiza por el pelo –acariciarlo constantemente, guardarlo, en ocasiones tenerlo en la boca, morderlo...– recibe el nombre de tricomanÃa.
Uno de los tricomanÃacos más ilustres fue Lord Byron, a quien siempre le gustaba estar presente cuando sus amantes se cepillaban la melena. Seguramente la mayor de sus hazañas consistió en robar en la Biblioteca Ambrosiana de Milán una hebra de cabello rubio brillante que habÃa pertenecido a Lucrecia Borgia. En sus memorias cuenta cómo le permitieron acariciar un mechón que allà se guardaba junto a unas cartas autógrafas, y cómo tuvo que ingeniárselas para conseguir enrollar el pelo habilidosamente en su muñeca, sin que el bibliotecario se diera cuenta.
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