Políticos Curanderos Imprimir

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Algunas administraciones públicas progresistas impulsan terapias alternativas acientíficas y no contrastadas.

Imaginen que un buen hombre inventa un bebedizo con el que dice que es capaz de curar el cáncer. No aporta pruebas médicas, sino simplemente una legión de testimonios de incondicionales que dicen que les ha “curado”. Ante el revuelo mediático, los grupos políticos progres piden que se haga la vista gorda y se legalice su venta. ¿Pruebas? ¿Para qué? ¿No escuchamos el grito desgarradador de los pacientes curados? Esto sucedió en 2003 con el llamado BioBac, un lisado de bacterias que un veterinario andaluz descubrió en su humilde laboratorio en los años 60. Hoy se vende bajo otro nombre como complemento alimenticio, esa puerta de atrás comercial que usan las terapias alternativas. Y es que las famosas parafarmacias no son más que tiendas de ultramarinos.

En 2007, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña echaba abajo la norma sobre terapias alternativas que había impulsado la Generalidad, una sentencia aplaudida por el Colegio Oficial de Médicos de Barcelona. Pero ojo, su fundamento no estaba en que no habían probado científicamente su eficacia, sino en que para administrarlas había que ser médico colegiado; o sea, tener un título de médico reconocido por el Estado. Esto respondía a una pregunta interesante para el consumidor: ¿Cómo saber si podemos fiarnos de una supuesta terapia? Fácil: porque la administra un médico titulado, independientemente de que contradiga todo lo estudiado en la facultad de medicina o lo que la ciencia médica ha descubierto en los últimos 100 años. Y lo mismo pasa con los productos-milagro de venta en farmacias.

Ahora, la Generalidad permite que los centros sanitarios usen terapias tan extravagantes como las Flores de Bach (una maceración en brandy de diversas plantas que se encuentran en Gales). Su inventor fue un médico de Birmingham que, en 1930, descubrió, gracias a sus “poderes mentales”, que había ciertas flores que poseían energía. La propia planta le revelaba para qué enfermedad valía. Ni microbios, ni virus, ni gaitas: la enfermedad es un “desequilibrio vibracional de la energía de nuestros cuerpos”. Esa es la postura que parece sostener, pues, la Generalidad de Cataluña, con la médico Marina Geli al frente de su Consejería de Salud.