| Paul Allen: “Saber que hay extraterrestres inteligentes nos cambiaría la vida” |
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–Los proyectos que ha patrocinado cubren muchos campos. ¿Qué criterios de selección sigue? –Me pregunto a mí mismo cuáles son las grandes preguntas de la ciencia en cada momento. Hay poca probabilidad de levantar el teléfono y que nos conteste un alienígena, pero en mi opinión, abordar esta investigación es muy valioso. Otras áreas que me interesan son el cerebro humano y la biología de sistemas, esto es, comprender cómo funcionan por dentro las células. También los temas de hoy: el calentamiento global y las enfermedades. Y la física teórica, aunque básicamente consiste en un puñado de genios en distintos lugares del mundo, y no sé cómo podría hacer que trabajaran más rápidamente que lo que ya lo hacen. –¿Cuando financia el Atlas del Cerebro o el SpaceShipOne, piensa en ellos como inversiones o es pura filantropía? –Son proyectos filantrópicos, pero siempre me planteo si hay alguna manera de que se autofinancien. En investigación biológica, esto significa crear patentes o conseguir fondos de fundaciones o del Gobierno. Creo que tendremos éxito con el Atlas del Cerebro porque hemos demostrado habilidades únicas. Por ahora no hemos patentado la propiedad intelectual del proyecto, aunque no lo excluyo. En la mayoría de las cosas que he hecho, trato de captar su principal valor y desarrollarlo. Y mira Microsoft. En 1975 éramos tres tipos, y ahora son 70.000. –¿Cuando Gates y usted comenzaron, eran ambiciosos? –Sabíamos que los microordenadores con software podrían tener impacto. Una gran parte del éxito de Microsoft se debió a que, cada año, los chips sobre los que funcionaba nuestro software se hacían más rápidos y baratos. Doblaron su capacidad cada 18 meses, como predecía la ley de Moore. Al comenzar calculábamos que, si nos iba muy bien, tendríamos unos 35 empleados. Pero en realidad, albergábamos esperanzas mayores. En nuestro interior estábamos pensando: “si un montón de gente comprara un ordenador barato...”. –¿Cómo trabajaban los dos juntos al principio? –Dividimos las tareas de programación. Yo estaba familiarizado con el software de las unidades principales y los miniordenadores para emular chips, y Bill trabajaba en el diseño del programa Basic. Él enfocó su actividad hacia las relaciones externas y los negocios, y lo que a mí me atraía era saber en qué dirección se desarrollaba la tecnología. Éramos complementarios. –¿Ahora recuerdan juntos los viejos tiempos? –¡Sí, y nos reímos mucho! Es difícil explicar el ambiente de diversión tan increíble en el que vivíamos. A veces Bill dormía en la alfombra de la oficina, y cuando la secretaria llegaba, veía sus pies sobresaliendo fuera de la puerta. Nuestra única actividad de ocio era ver películas. Podíamos programar hasta las 2, 3 ó 4 de la mañana, levantarnos tarde y volver a empezar. Nos encantaba. –Usted y Gates parecen seguir caminos paralelos. ¿Van a hacer colaboraciones filantrópicas? –Siempre estamos buscando puntos en común. Al fin y al cabo, hemos tenido mucho éxito juntos. Hace poco hablamos de hacer algo en las fronteras de la energía.
–¿Cuáles son las grandes cuestiones que tiene ahora en mente? –La salud del océano y el problema de la energía. Por eso he invertido en una empresa para investigar la fusión nuclear. –¿Qué tipo de investigación sobre la fusión desarrolla? –La empresa se llama Tri Alpha Energy y financia la fusión aneutrónica, un proceso que emite protones en vez de neutrones, potencialmente más eficiente. Se prevé que la fusión nuclear va a seguir en el horizonte durante décadas, así que hay que pensar en alternativas. En los últimos años ha habido muchas discusiones sobre los reactores de fisión, y yo he participado en reuniones sobre el tema. Creo que Bill también está interesado en esto. –Ordenadores, deportes, barcos, espacio, ciencia y rock and roll. ¿Le queda algún deseo infantil pendiente de realizar? –Con 8 años me fascinaban los coches deportivos. Ahora no me gustan tanto como otras cosas, así que no tendré un supermodelo con llamas a los lados. En la vida, tienes que elegir tus debilidades. Evan Ratliff
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–¿Cuando Gates y usted comenzaron, eran ambiciosos?