Ojos que no ven



Cuando éramos niños nos impresionaba mucho oír que si El Greco pintaba aquellas raras figuras sinuosas y alargadas era porque padecía una enfermedad de los ojos que le impedía ver a los seres humanos tal como eran. Atribuir a algún defecto orgánico los rasgos del estilo de un artista puede ser un síntoma de ignorancia o de pereza mental, pero también es cierto que la mezcla de la enfermedad y del talento nos fascina siempre, en parte por sus posibilidades novelescas, en parte también porque parece que confirma la noción romántica del genio como héroe un poco monstruoso y de la obra de arte como el fruto del sufrimiento: Goya y Beethoven atormentados por la sordera, Mozart febril y casi moribundo sobre la partitura del Requiem, Chopin enfermo de tuberculosis.

El peso de la leyenda distorsiona la realidad, pero no llega a anularla. Desde luego que la enfermedad tremenda que tuvo como resultado una sordera irreversible trastornó el ánimo de Goya, agudizando las inclinaciones más sombrías de su estilo. Beethoven, como cualquier gran músico, podía escuchar en s u i m a g i - nación las notas que iba componiendo, pero hay una parte de la expresividad áspera y violenta de muchas de sus obras maestras que surgiría instintivamente de su necesidad de lograr un volumen sonoro no del todo imperceptible para sus oídos dañados.

Nos intriga la idea de un músico sordo. Más inconcebible nos parece que pueda existir un pintor casi ciego. Pero ese fue el caso de Claude Monet, que padeció de cataratas durante muchos años, y que según propia confesión llegó a un punto en el que sólo se fiaba “de las etiquetas en los botes de colores y de la fuerza del hábito”. Algunos de los cuadros más audaces pintados por Monet deberían explicarse no por la evolución de un estilo que ya se aproximaba al expresionismo abstracto, sino por un problema de visión. La idea sonará herética a los historiadores del Arte, que quisieran trazar una línea de progreso orgánica e irreversible –como las de las ciencias naturales– entre la figuración y la abstracción, pero los hechos son indiscutibles: por culpa de las cataratas, Monet apenas podía ver cuando pintó algunos de sus lienzos más célebres fechados en torno a 1920. Lo que ya se sabía por muchos testimonios de entonces lo han confirmado las investigaciones del oftalmólogo Michael F. Marmor, que según el suplemento de Ciencias del New York Times ha ideado simulaciones por computadora de cómo sería el mundo visto a través de los ojos enfermos de Claude Monet: manchas casi líquidas, fulgores rojos, azules, morados, formas que se disolvían las unas en las otras, como el reflejo movedizo de los nenúfares en el agua densa y sombría de su jardín.

A Monet le daba terror someterse a una operación de cataratas, por miedo a que le sucediera como a su amiga la también pintora Marie Cassats, que al operarse había quedado aún más dañada, y tuvo que resignarse a abandonar para siempre la pintura. Pero al final se decidió a arriesgarse, y en 1923, a los 83 años, se encontró de pronto con el regalo prodigio so de que podía ver de nuevo el mundo con una claridad olvidada; el mundo y también los cuadros que había estado pintando casi a ciegas. Sabemos que destruyó algunos, pero no demasiados. Las cataratas habían afectado su visión inmediata, pero no su imaginación o su memoria, y menos aún esa memoria instintiva de las manos que es la destreza de un gran artista. Igual que el novelista no cuenta lo que le está sucediendo ahora mismo, sino lo que la experiencia y el recuerdo han ido filtrando casi gota a gota al manantial subterráneo de la inspiración, el pintor de talento no copia lo que tiene delante de los ojos, no ve lo mismo que nosotros miramos tan distraídamente. Pintar no es sólo manejar lápices o pinceles, sino haber aprendido a mirar de una cierta manera, con un grado singular de intensidad y lucidez.

Tan sorprendente, tan admirable como que Monet continuara pintando según se agravaban sus cataratas es que después de la operación sólo destruyera algunos de los cuadros pintados de memoria y casi a tientas. El verdadero talento saca provecho de las limitaciones igual que de las ventajas. La enfermedad no explica el estilo, se convierte en una parte de él. Goya pintaba en la vejez con su sordera y con su misantropía igual que con su desolación de español ilustrado en tiempos de oscurantismo y con el oficio de una vida entera. Lo que no pueden enseñarnos las simulaciones por ordenador del oftalmólogo Marmor son los colores y las formas que resplandecerían en la imaginación invencible de Monet cuando pensara, antes de morir, a los 86 años, en los cuadros que ya no tendría tiempo de pintar.

04/02/2008
Comentarios
Añadir nuevo
+/-
Escribir comentario
Nombre:
Email:
 
Título:
 
Por favor introduce el código anti-spam que puedes leer en la imagen.
Francisco Casariego  - Pintor   |2008-02-14 18:05:20
Es un texto interesantísimo.

Sobre todo para los pintores.

Es un
análisis de lo que es la pintura.

O de lo que son las pinturas.

Las
diferentes pinturas, figurativas, abstractas, expresionistas, etc.

Muy bueno/
carlos   |2008-02-15 04:17:04
ehh pintor... me parece q no entendiste nada
leelo de nuevo por favor...