Muchos médicos denuncian que el negocio de la salud está convirtiéndose en pura mercancía. Los ritos de paso de una vida normal –como el nacimiento, los cambios de humor, la sexualidad, la menopausia o la “pitopausia” y el envejecimiento– están siendo redefinidos como procesos patológicos por las compañías farmacéuticas y algunas asociaciones médicas. Su objetivo no es otro que meter el miedo en el cuerpo a personas en principio sanas para, con la excusa de la prevención, venderles pastillas, tratamientos y alimentos enriquecidos que supuestamente mejoren su calidad de vida. La enfermedad se ha convertido en un producto industrial y la salud, en un estado inalcanzable que ya nadie disfruta. Vivimos amenazados por el colesterol, la hiperactividad, los michelines, la retención de líquidos, las canas, la descalcificación ósea, la impotencia, las arrugas, la melancolía... El fenómeno ya se conoce en el mundo anglosajón como disease mongering y la inquietud es tal, entre los especialistas responsables, que el Consejo de Bioética británico acaba de recomendar la creación de una agencia nacional independiente dedicada al control de “la medicalización deliberada de la población sana”. ¡Basta ya de terror médico!
Enrique Coperías, subdirector
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