| Nepotismo y corrupción en el mundo de las hormigas |
Un estudio de la Universidad británica de Leeds publicado en la revista PNAS acaba de echar por
tierra la fama de cooperadoras y ecuánimes que tenían las hormigas. Hasta ahora se pensaba que la nutrición era el secreto de la "realeza" en estos insectos, y que el hecho de que algunas larvas consumieran ciertos alimentos permitía su desarrollo hasta convertirse en reinas. Sin embargo, Bill Hughes, investigador de la Universidad de Leeds (Reino Unido) acaba de demostrar que es la genética la que manda. Según el investigador, algunos machos pasan uno o varios genes que permiten a sus descendientes convertirse en reinas reproductoras, y no en “simples obreras” estériles. De esta forma, estas nuevas hormigas obtienen una ventaja y "estafan a sus hermanas altruistas, que nunca tendrán la oportunidad de convertirse en reinas", puntualiza Hughes. El problema es que si demasiadas larvas se convierten en reinas, el desequilibrio podría ser descubierto por las hormigas trabajadoras, que podrían ponerse en contra de sus dirigentes. Por eso, los machos que portan el “ADN real” lo diseminan por diferentes colonias, para pasar más desapercibidos. Según el doctor Hughes, cuando uno estudia insectos sociales como las hormigas y las abejas "es el aspecto cooperativo de su sociedad lo que primero destaca". Sin embargo, un análisis más profundo pone de manifiesto que la corrupción y el egoismo están también muy presentes en sus colonias. 14/03/2008
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Un estudio de la Universidad británica de Leeds publicado en la revista PNAS acaba de echar por
tierra la fama de cooperadoras y ecuánimes que tenían las hormigas. 














