¿Por qué los elefantes sufren menos cánceres?

A pesar de ser más grandes y longevos, por lo que deberían tener más probabilidad de desarrollar tumores, sus tasas de mortalidad por cáncer son muy bajas. Un equipo de investigadores encuentra una solución al enigma.

¿Por qué algunas especies de animales son más propensas a desarrollar cánceres que otras? Esta pregunta intriga a los científicos desde hace décadas, especialmente desde que en los años 70 un epidemiólogo británico enunció la conocida como “paradoja de Peto”, en honor a su nombre. Según él, si todas las células vivas tienen la misma probabilidad de desarrollar un tumor, deberían ser los animales más grandes y más longevos los que sufrieran una mayor incidencia de la enfermedad.

Sin embargo, la naturaleza parece seguir otros caminos, pues animales como los elefantes y las ballenas desarrollan menos cánceres que otras especies más pequeñas. Los elefantes, en concreto, pueden sobrevivir más de 60 años: “Animales de tan larga vida y con tanta cantidad de células deberían padecer muchos más cánceres. Pero si así fuera, se habrían extinguido”, explica Joshua Schiffman, del Instituto Huntsman del Cáncer (Utah, EEUU), y uno de los autores del último estudio que arroja luz sobre la paradoja de Peto.

Utilizando datos de la Enciclopedia de los Elefantes, que recoge los nacimientos y muertes de todos los elefantes que viven en cautividad en el mundo, los investigadores llegaron a la conclusión de que menos del 5% de estos animales mueren de cáncer, una cifra muy pequeña si se compara con otros animales como los perros salvajes (8%) o los humanos (25%).

La respuesta está en los genes

La clave, según revelan los resultados de este trabajo que se publica en la revista Journal of the American Medical Association, podría estar en los genes. Y es que el genoma del elefante africano contiene 40 copias del gen TP53, que codifica para una proteína conocida por ser uno de los mecanismos del organismo más importantes para prevenir el cáncer. En concreto, la proteína impide dividirse a las células cancerosas hasta que sean reparadas, o bien las impulsa al suicidio.

Por el contrario, los humanos solo tenemos dos copias del gen TP53, al igual que el damán de El Cabo, un curioso mamífero que ha sido considerado por algunos zoólogos como el pariente vivo más cercano de los elefantes. Los investigadores sugieren que, probablemente, el gen se duplicó accidentalmente varias veces en los antepasados de los elefantes.

 

El equipo de Schiffman dedicará sus investigaciones futuras a buscar formas de hacer que las células humanas se asemejen más a las de los elefantes, por ejemplo mediante la inserción de copias adicionales del gen, o bien identificando compuestos que dupliquen los efectos de estas copias.

Etiquetas: animalescienciacáncergenética

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