¿Han existido simios gigantes?

En 1935, el paleontólogo y geólogo alemán Ralph von Koenigswald descubrió en una botica de Hong Kong un molar de gran tamaño que parecía haber pertenecido a un descomunal primate.

Desde entonces, han aparecido más piezas dentales fósiles de aquel mamífero en diversos enclaves del sudeste asiático, lo que nos ha permitido hacernos una idea de su posible apariencia y de la dieta que seguía.

 

El Gigantopithecus, como fue bautizado, probablemente estuvo emparentado con los actuales orangutanes y sus probables ancestros, los extintos Sivapithecus, que también habitaron Asia hasta hace unos 9 millones de años. No obstante, eran mucho más grandes. A partir de un estudio comparativo de sus restos con los de otros simios modernos, un equipo de investigadores de la Universidad de Iowa, en EE. UU., logró determinar hace unos años que pudieron haber pesado entre 400 y 500 kilos y haber superado los tres metros de alto, en posición erguida. Aun así, seguramente se desplazaban a cuatro patas, apoyándose sobre sus miembros delanteros, como hoy hacen los gorilas.  

 

El análisis de su dentición, robusta, de aspecto mayormente aplanada y con un grueso esmalte, sugiere que estos animales debían nutrirse de plantas muy fibrosas. Un estudio de la misma realizado en 1990 mediante microscopía electrónica de barrido, y coordinado por el paleoantropólogo Russell Ciochon, de la citada Universidad de Iowa, reveló que, además, se alimentaban de semillas, frutos y bambú. De hecho, la dependencia de esta planta pudo jugar un papel determinante en la extinción del Gigantopithecus, que tuvo lugar hace entre 400.000 y 300.000 años.  

 

Algunas especies de bambú experimentan importantes declives de forma periódica, lo que incluso hoy afecta a la salud de los pandas. Algunos paleontólogos sospechan que un fenómeno similar pudo propiciar el fin del Gigantopithecus. Otros expertos señalan que hace unos 800.000 años, su hábitat, en lo que hoy es China, la India y Vietnam, pudo ser colonizado por el Homo erectus. Eso sí, se desconoce hasta qué punto este antiguo miembro de nuestro linaje, también extinto, intervino en su desaparición.

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