Una cita con las ballenas grises

A la laguna Ojo de Liebre, ubicada a 450 millas al sur de la frontera entre México y Estados Unidos, acaban de llegar decenas de ballenas grises (Eschrichtius robustus) dispuestas a aparearse. Este cetáceo viaja cada año desde el Ártico hasta las cálidas aguas mexicanas, protagonizando la migración más larga conocida realizada por un mamífero. El final de su viaje se ha convertido en un auténtico espectáculo anual.


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Las ballenas grises alcanzan entre 11 y 15 metros de longitud y pueden pesar un máximo de 30 toneladas.

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Aunque hace más de un siglo la ballena gris estuvo al borde de la extinción, su situación cambió drásticamente con la creación de la Comisión Ballenera Internacional, en 1947. Desde esa fecha, gracias al esfuerzo internacional, su población en el Pacífico se ha recuperado hasta alcanzar entre 19.000 y 23.000 individuos.

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Este cetáceo no tiene aleta dorsal. En su lugar, exhibe unas jorobas bajas y redondas en la parte trasera de su espalda.

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Durante su migración pueden nadar sin parar por períodos de 20 horas a una velocidad de 7 kilómetros por hora.

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Turistas nacionales y procedentes de Estados Unidos y Canadá asisten cada año en México a la llegada de las ballenas a las lagunas de Ojo de Liebre, San Ignacio y Magdalena. como recuerdo se llevan algunos de estos souvenirs

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La ballena gris es el cetáceo vivo más primitivo que existe actualmente. Es un descendiente directo de mamíferos marinos del Oligoceno que, hace 30 millones de años, también filtraban el agua de los océanos para alimentarse.

© Radial Press

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