Ronald G. Prinn: "La deforestación me preocupa más que el efecto invernadero"

Cuando Ronald Prinn hace footing en los alrededores del Instituto Tecnológico de Massachusetts, el MIT, coge aire con ganas y le gusta pensar que sus nietos podrán respirar un aire más puro si cabe. Corre el rumor de que es un buen deportista, aunque él se muestra modesto: "Bueno, en mi juventud me encantaba el esquí hasta que tuve una lesión grave en la que me partí la tibia y perdí algo de entusiasmo. También jugué al fútbol americano en el equipo universitario, pero ahora estoy un poco viejo para eso. Actualmente me gusta practicar el jogging, el golf o el tenis... deportes menos estresantes".
Este científico, riguroso donde los haya, de aspecto serio pero que sonríe cuando habla de su hermoso y verde país, Nueva Zelanda, está empeñado en que se logren acuerdos internacionales para regular la emisión de gases de efecto invernadero. No es de extrañar en un amante de la naturaleza y de las actividades campestres, aunque apenas tiene tiempo libre. Tampoco lo tuvo hace poco para disfrutar de su visita a España adonde vino invitado por el Club Español del Petróleo. "Es una pena -confiesa-. Con lo que me gustan la paella y la sangría..."
?¿Cómo funciona el efecto invernadero?
-La Tierra absorbe una cantidad de energía solar e irradia de nuevo la misma cantidad al espacio. Si se rompe este equilibrio, la temperatura terrestre no se mantiene. Los gases de invernadero retienen parte de la energía de radiación. Imaginemos un pequeño invernadero con ventanas que se abren y cierran; y pongamos que algunas de las ventanas del invernadero están abiertas. Es de día, el sol está brillando, yo estoy dentro y hay una temperatura fija. Ésta es la situación de equilibrio. Entonces, cierro algunas de las ventanas. Cuando lo hago, la temperatura asciende, y eso es lo que hacemos nosotros al producir los gases de invernadero.

-Explique cómo son los alumnos del instituto universitario más prestigioso del mundo. ¿Están siempre encerrados estudiando?
-Los estudiantes del MIT son gente muy inteligente a los que recomendamos hacer deporte y no sólo dedicarse a hincar los codos. Necesitamos asegurarnos de que ejercitan algo más que el cerebro.

-¿Y se preocupan por el medio ambiente?
-Sí, suelen estar muy bien informados. Y no sólo se preocupan por el medio ambiente sino también por las soluciones tecnológicas para que podamos mantener un alto nivel de vida, una economía fuerte y a la vez causar el menor daño posible al entorno.

-¿Hay pruebas del incremento global de la temperatura y de la incidencia de la actividad humana en este calentamiento global?
-Hay bastante evidencia de que durante los últimos 140 años la temperatura de la Tierra ha aumentado en aproximadamente 0,6 grados centígrados. Algunos científicos están convencidos de que la actividad humana ha provocado este calentamiento. Otros, yo incluido, aún no estamos convencidos porque algunos cambios que se dan son sencillamente naturales.

-Pero el último informe del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC) asegura que dicha influencia existe...
-En ese informe se intentaba resumir una serie de conclusiones bastante complejas. La elección de las palabras de los directores de la Comisión fue equívoca. Con esa expresión de que habían detectado "huellas dactilares" en el clima global -en referencia a la detección de influencia humana-, los científicos del IPCC demuestran un nivel de seguridad que yo no comparto. Esta elección de palabras llevó a los no expertos a interpretarlas como si todos los científicos estuvieran de acuerdo en que se ha comprobado la incidencia del hombre en el clima. Eso no es verdad. Pero, ¡ojo!, aunque yo haya expuesto argumentos contrarios a esa influencia humana en el clima, eso no es ninguna excusa para no hacer nada. Estoy convencido de que debemos actuar.

-¿Cómo ve la situación de la producción energética?
-La mayoría de la energía de la que disfruta la gente proviene de los combustibles fósiles y de la energía nuclear. Ambas tecnologías son, por supuesto, controvertidas. Se deben desarrollar nuevas tecnologías de producción de energía enfocadas hacia una máxima producción con un mínimo de emisión de los perniciosos gases de invernadero.

-¿Hay una buena comunicación entre los científicos que estudian el clima y los políticos que toman las decisiones?
-En general, creo que no. En el MIT hemos estado trabajando duramente para mejorarla. Hace poco tuvimos una reunión con el personal que integra el staff del Congreso de Estados Unidos durante un día y medio.

-¿Se llegó a alguna conclusión?
-Este grupo es muy influyente en las decisiones políticas del país. Concluyó que el problema era mucho más complejo de lo que se había pensado y que la ciencia es mucho más incierta de lo que habían imaginado. Pero les dimos un mensaje conciso: que la incertidumbre no significa "no hacer nada". No podemos pasar por alto un proceso de calentamiento rápido. El IPCC, por ejemplo, habla de hasta 3,5 ºC en los próximos 100 años. Los científicos pueden demostrar que un calentamiento de 3,5 grados no es muy probable. Sin embargo, que se pueda producir entraña un grave riesgo para la humanidad y la naturaleza.

-Hay expertos que se atreven a decir que el agujero de ozono es un proceso natural y no supone ninguna amenaza ¿Cuál es su opinión al respecto?
-El agujero en la capa de ozono no es un fenómeno natural. Está provocado por la emisión de CFC. La parte más fría de la atmósfera se encuentra por encima de la Antártida y por este motivo la disminución de ozono es mayor en esa área.

-Otro de los efectos que se relacionan con el cambio climático global es la intensificación del fenómeno de El Niño. ¿Qué le parece?
-Los modelos que utilizan el IPCC, el MIT y otros grupos para predecir el clima en el futuro no simulan El Niño. Así que la gente que asegura que El Niño está conectado con el cambio climático ofrece una hipótesis sin base científica.

-¿Cree que en el futuro se va a producir un aumento en los huracanes y en los temporales?
-Es un caso muy parecido al de El Niño. Los modelos climáticos del MIT, el IPCC y demás no simulan los huracanes, no simulan los tornados. Uno de los grandes retos para la ciencia en los próximos 10 años es averiguar cuál es la conexión entre El Niño, los huracanes y el efecto invernadero.

-¿Entonces, por qué hay científicos que dicen que es probable que aumenten los fenómenos extremos como las olas de calor?
-¡Ah!, las olas de calor son otra cosa. En los modelos climáticos, cuando elevas la temperatura media también aumentas la temperatura de los eventos extremos. Las simulaciones son capaces de producir algunas predicciones de olas de calor. No podemos decir que ocurrirá con una probabilidad del 100 por 100 pero la mayor intensidad de los eventos de calor es un tema por el que preocuparse.

-¿Cuál es su recomendación a los principales gobiernos?
-Los economistas, los científicos y los políticos han estado trabajando juntos desde hace 6 años para intentar comprender el problema. Una de las conclusiones es que necesitamos mejores pronósticos del tiempo. Otra conclusión es que, de ser correctas las predicciones de 3,5 grados o 4 grados de subida, tendremos que rebajar las emisiones de gases invernadero muy sustancialmente. Para abordar esta situación se podría conseguir un acuerdo o tratado internacional entre todas las naciones del mundo, que proponga métodos mediante los cuales los países ricos inviertan en la industria energética de los países pobres para ayudarles a rebajar sus emisiones.

-¿Sería necesario que colaborasen también las compañías petroleras?
-Por supuesto. Entre gobiernos sólo se manejan cantidades pequeñas de dinero. Lo que se conoce como "ayuda internacional". Las mayores cantidades de dinero entre países ricos y pobres involucran a las grandes empresas internacionales. Las empresas petrolíferas deberían tener en consideración el medio ambiente como una parte de su responsabilidad. Muchas industrias se están dando cuenta de que, en el futuro, las ventas de sus productos dependerán en gran parte de que los consumidores perciban si son responsables o no en el ámbito medioambiental.

-¿Y qué le parecería que hubiera un impuesto sobre el petróleo en los países ricos y se trasladara ese dinero a los países pobres?
-Creo que es obvio que los estados ricos deben enviar más dinero a los países pobres. Pero desconozco todavía el mejor mecanismo para hacer esto. La gente habla de la posibilidad de un impuesto, pero ésa es una idea muy poco popular en EE UU. Créame, muy poco popular. En los países desarrollados, el concepto de un impuesto no va a funcionar. Otras propuestas tienen que ver con el intercambio de emisiones entre naciones. Por ejemplo, si China cediese a EE UU el derecho a emitir parte de sus gases invernadero (en China), Estados Unidos a cambio podría invertir en China para compensar. A menudo es mucho más barato para los países ricos mejorar la deficiente producción de energía de los países pobres. Cuesta mucho menos.

Alejandro Sacristán

 

Esta entrevista fue publicada en julio de 1998, en el número 206 de MUY Interesante.

Etiquetas: medio ambiente

Continúa leyendo

COMENTARIOS

También te puede interesar