Rodrigo Gámez: "La conservación de la naturaleza ha de ser un buen negocio para que funcione"

Ayer desaparecieron cien especies de la faz de la Tierra. Hoy lo harán otras tantas, y así cada día desde hace años. Muchas de ellas encierran el secreto de la curación de enfermedades o la posibilidad de alimentar mejor a un mundo cada vez más hambriento. Posiblemente, ese secreto quede para siempre fuera del alcance del hombre, porque la mayor parte de las especies que desaparecen ni siquiera han sido clasificadas por la ciencia. Su conservación es la única garantía de futuro para la humanidad, porque dependemos de ellas para alimentarnos, mantener el equilibrio geoquímico y hasta para respirar, pero la deforestación de las selvas está propiciando su rápida desaparición en casi todos los países tropicales.

No es el caso de Costa Rica, que se ha convertido en un país pionero en la conservación de su biodiversidad. A pesar de tratarse de una pequeña nación tropical, el empeño de personas como Rodrigo Gámez y la visión de futuro de sus dirigentes hicieron el milagro. La clave del éxito ha sido un centro de investigación, el INBio, que se ha convertido en la principal referencia mundial en la protección de la naturaleza y de la biodiversidad.

Con un hablar pausado y convencido, Rodrigo Gámez declara su satisfacción por lo realizado. Ahora, el menor de sus hijos sigue el sendero abierto por él y se dedica a la economía de la biodiversidad.


-Éste es el camino adecuado, porque el problema de la biodiversidad es económico, ¿no?
-Sí, es un problema económico y político, no científico. Para salvar la diversidad biológica hay que ponerla a trabajar para la sociedad. El ser humano valora lo que es útil y productivo para él. Por eso, ninguno de los animales que conocemos y valoramos, como las vacas o las gallinas, está amenazado de extinción.

-¿Qué papel cumple el científico?
-Nadie puede valorar lo que no conoce, y a pesar de que el hombre ha dependido siempre de la naturaleza, hemos llegado a un punto en el que nos sentimos fuera de ella. El desarrollo de las grandes ciudades hace que veamos la naturaleza como algo distante. La labor del investigador es conocer mejor el mundo natural y descubrir las utilidades que ofrece.   

-¿A qué se debe que Costa Rica se haya convertido en el país pionero del conocimiento y la conservación de la biodiversidad?
-A que todavía estamos en contacto con la naturaleza. Mi generación ha visto cómo era antes y cómo es ahora, después de la gran deforestación de los años cincuenta y sesenta, y no nos ha gustado el cambio.

-Pero eso ocurre con otros países y no han tomado medidas...
-Históricamente, Costa Rica ha tenido unas características culturalmente diferentes a las de otros países. Durante la colonización era la región más pobre del imperio español y sólo acudió aquí -gente que huía de la Inquisición. Cuando llegó la independencia, en 1821, la Constitución ya recogía la educación gratuita y obligatoria. En 1948 hubo una pequeña guerra civil y la primera medida que tomó el presidente vencedor, José Figueres, fue abolir el ejército. Así que todos los recursos se gastaron en educación, salud, vivienda...

-¿Cómo se puso en marcha el plan de biodiversidad?
-A un grupo de gente nos preocupaba el difícil mantenimiento de las áreas protegidas y pensamos que había que cambiar la filosofía de los parques nacionales por la de las áreas de conservación. La trilogía de la conservación dice que hay que salvar, conocer y utilizar, y los parques nacionales sólo cumplen el primer paso. Los parques de Costa Rica eran zonas -aisladas que tenían que estar cerradas y protegidas de los vecinos de las tierras agrarias aledañas por guardias forestales. No había criterios científicos en su designación: aparecía una especie endémica y se creaba una isla de protección. Así que lo que teníamos era un archipiélago de parques mal gestionados. La alternativa era crear grandes áreas de conservación que uniesen estas zonas desperdigadas, incrementasen el territorio protegido y produjesen beneficios para el desarrollo de las comunidades locales. Yo había hablado de esto con Óscar Arias y, cuando fue elegido presidente, en 1986, me llamó para ponerlo en práctica. Ahora hemos pasado de tener protegido el 12 por 100 del territorio al 32 por 100.

-¿Qué beneficios reporta eso?
-Por un lado están los servicios ambientales, como la producción de agua, la fijación de CO2 y la regulación climática. Piense que la mayor área metropolitana del país recibe el 90 por 100 del agua potable de las áreas protegidas, que pronto tendremos un impuesto sobre la gasolina, cuyos fondos irán destinados a las áreas protegidas y sus gentes, para compensar la labor de fijación del anhídrido carbónico de los bosques. Tuvimos 15 años de sequía y ahora hemos padecido unas intensas lluvias y en ambos casos los bosques han mostrado sus ventajas al retener el agua y evitar inundaciones. Después están los beneficios locales, como el ecoturismo y la educación. Las visitas turísticas a las zonas protegidas son ya la primera fuente de divisas de Costa Rica, ¡por encima del café!, y esos ingresos repercuten en la gente que vive cerca de estas zonas. En educación, hemos potenciado que estas áreas protegidas sirvan de escuela abierta para una formación integral, no sólo para aprender biología, sino también geografía, relaciones del hombre con el medio, etc., y todas las escuelas y colegios de estas regiones acuden regularmente a estas zonas. Por último, están los beneficios de información, de manera que se fomente la investigación científica. Hay ya ocho laboratorios en los que trabajan científicos extranjeros que son también una fuente de empleo. En fin, las zonas protegidas son una biblioteca abierta a toda la sociedad.

-¿Se ha evaluado la riqueza biológica del país?
-Costa Rica es uno de los países más ricos del planeta en biodiversidad, con medio millón de especies. Hasta hace unos años sólo se conocía el 14 por 100 de ellas, fruto de 150 años de investigación, pero en seis años hemos pasado ya al 20 por 100 y nos proponemos llegar al 60 por 100 en los próximos siete. Tenga en cuenta que la mayoría de los países no conoce ni el 10 por 100 de su biodiversidad. Nuestra intención es llegar al inventario total de especies, un megaproyecto que costará unos 30 años y unos cien millones de dólares.

-¿De dónde saldrá el dinero?
-Del Fondo Global para el Medio Ambiente y de países con los que estamos en negociación, como Holanda o Noruega, y entre los que nos gustaría que estuviese España. Contamos con el apoyo de la Unesco, que tiene un proyecto llamado Diversitas para hacer inventarios totales de especies y que ha escogido nuestro proyecto como modelo pionero.

-¿Se siguen perdiendo especies en Costa Rica?
-Puede decirse que a medio plazo no vamos a perder ninguna, si logramos consolidar el plan, aunque siempre es inevitable que algunas se pierdan. Nuestra intención es que un tercio del territorio esté protegido, pero aun así  no podremos evitar que lo esté en forma de islas y que eso produzca una mínima pérdida de biodiversidad.

-¿Qué recomendaría a otros países para conservar su biodiversidad?
-Cada país es diferente y tiene sus problemas. No vamos a decirle a nadie lo que tiene que hacer. Lo que sí podemos hacer es enseñar lo que estamos haciendo, y por eso organizamos seminarios y talleres para expertos extranjeros. Todo el mundo debería entender que hay tres tipos de riqueza: material, cultural y biológica, y que aunque esta última ha sido la menos valorada y la más destruida, sin embargo es la que tenemos los países tropicales. Hay que aprovechar esa riqueza para que resulte atractiva y para conseguir recursos del primer mundo.

-Para muchos, la conservación de la biodiversidad exigiría volver a formas de vida primitivas...
-Eso es irrealizable. Dado el crecimiento de la población mundial, ya no podemos estar en perfecta convivencia con la naturaleza, pero lo que sí podemos es vivir en alianza con ella, aprovechando las oportunidades que nos ofrece para mejorar nuestra calidad de vida.

-¿Cree que el Convenio de Biodiversidad firmado en la cumbre de Río de Janeiro puede contribuir a mejorar la situación?
-Sí, aunque es sólo un primer paso que hay que ajustar a cada país. Lo importante es que los Estados presenten sus estrategias de conservación. El convenio establece un periodo de aplicación de 25 años, pero para entonces la mayor parte de la biodiversidad ya no existirá. Si nuestra generación no lo hace, será demasiado tarde. Por eso Costa Rica decidió hacerlo por su cuenta y acelerarlo.

-¿Cómo se podría agilizar el convenio?
-Hace falta voluntad política. Y esta voluntad se aceleraría si los gobernantes vieran los intereses económicos que esconde la biodiversidad. Como decía el presidente Figueres, la conservación  ha de ser un buen negocio para que funcione. Es cierto que el futuro de las especies depende de nosotros, pero también lo es que el nuestro depende de ellas.
Ignacio F. Bayo 

Esta entrevista fue publicada en febrero de1996, en el número 177 de MUY Interesante

 


Continúa leyendo

COMENTARIOS

También te puede interesar