Rob Holman: "La arena te cuenta la biografía de la playa"

rob-holmanSi hay algún calificativo que defina el trabajo del oceanógrafo Rob Holman es el de vigilante de las playas, aunque su labor de oteador costero no sea perseguir a los maleantes ni salvar a las chicas de una insolación o de las medusas, como en la popular serie televisiva de los 90. Este experto se ha especializado en estudiar y catalogar las arenas de los litorales, el intrincado y cambiante universo de las líneas de costa y las ocultas corrientes marinas que contienen. En muchas ocasiones, estas sorprenden y hasta provocan la muerte a los bañistas. Es un mundo tan dinámico como misterioso en el que este canadiense nacido en Toronto "hace mucho tiempo" ?ronda los 60-, criado en Ottawa y doctor por la Universidad de Dalhousie, en Halifax (Nueva Escocia), ha instalado un sistema de cámaras computerizadas repartidas por todo el planeta bautizado como Argos.

"Vivo en Oregón (EE UU), a 80 km de la costa del Pacífico", comenta Holman al otro lado del teléfono, "pero a través del sistema puedo ver al momento el estado de 12 playas distintas. Ahora mismo puedo saber lo que sucede en Holanda o Australia". Además, Holman colecciona granos de arena de playa de todo el planeta con la minuciosidad de un filatélico -tiene casi mil frasquitos etiquetados con el lugar y la fecha en que fue recogida la muestra-, lo que le convierte en un oceanógrafo nada convencional, con un hijo a punto de doctorarse en matemáticas y dos gatos más normales que no han heredado el talento de la familia "ni sus capacidades tan especiales".

Coleccionista de arena


La Sociedad Internacional de Coleccionistas de Arena, cuyo lema es "descubriendo el mundo grano a grano", asegura que lo suyo no es un hobby de chiflados, sino una actividad seria con más de cien años de historia. Someramente, la arena está formada por pequeños fragmentos detríticos de rocas y minerales que han sufrido erosión mecánica o que proceden de origen biológico de conchas de animales marinos. En su composición abunda el silicio en forma de cuarzo. La colección de Holman incluye muestras de playas de las costas de EE UU y México, así como de islas bañadas por los océanos Índico y Pacífico, del litoral atlántico de Portugal, el Mediterráneo español, Australia, Java y Sumatra. También posee ejemplos extraídos de ceniceros de hoteles de lujo y campos de golf, y de las orillas de los grandes lagos de Canadá y EE UU.

Holman es el Sherlock Holmes de las arenas, un material que deja indiferente a la mayoría de los mortales pero que para sus entrenados ojos revela la historia de algo que nace, evoluciona y envejece casi como un ser vivo. "Llevo coleccionando muestras desde hace 30 años. Si observas los granos, puedes deducir los distintos minerales que contienen, determinar de dónde proceden y comprender las distintas mezclas que forman una playa". Su gran armario está lleno de anécdotas. "Cuando la gente se enteró de que recogía arena, muchos empezaron a mandarme montoncitos de las playas en las que habían estado. Los metían en frasquitos o sobres con una etiqueta sobre el lugar; así empecé a comparar las distintas variedades". Las clásicas de color marrón, vistas al microscopio, revelan un caleidoscopio de minerales. "Tienes que deducir la fuente principal. Algunos de estos minerales sólo se encuentran en islas volcánicas".

Examinando la mezcla y la proporción, puede deducirse si la arena ha sido transportada por ríos, corrientes y olas, mientras que la forma macroscópica de los granos informa sobre el castigo que han recibido de los agentes erosivos. ?Si la ves en el microscopio puedes averiguar la edad y su biografía. Cuanto más tiempo haya permanecido en la playa baqueteada por las olas, más pequeños y redondeados serán sus granos?, afirma.

La naturaleza contra las matemáticas


¿Dónde termina la curiosidad y empieza la ciencia? El sistema Argos -llamado así en honor del perro de Ulises, que en La Odisea supo reconocer a su dueño vestido de mendigo después de 20 años de ausencia- pone las cosas en su sitio.

Si la arena es una parte esencial en la estructura de una playa, hay otros componentes que indican que se trata de un sistema muy complejo en el que las corrientes, el agua y las inclemencias meteorológicas desafían a las matemáticas. Un ejemplo lo constituyen las barras o bancos arenosos sumergidos próximos a la costa. No se ven, pero las olas rompen lejos de la orilla por culpa de estas barreras, que actúan como esqueleto invisible y cambiante. Esa circunstancia tuvo mucho que ver en el nacimiento de Argos: Holman quería averiguar el patrón de comportamiento de las olas de más de 5 m de altura al romper en la orilla de la costa de Oregón, y dejó su cámara de 35 mm en una exposición continuada de 10 minutos con un filtro especial. Aunque no lo logró, la imagen reveló las barras sumergidas contra las que chocaba el oleaje. Corría el año 1984 y el oceanógrafo decidió usar cámaras de vídeo para grabar cintas de 15 minutos diarios que luego enviaba a un laboratorio donde digitalizaban las imágenes. Tan tedioso proceso le impulsó en 1992 a conectar sus cámaras por módem a un ordenador que hiciera el trabajo sucio.

Este proceso casero evolucionó con la moderna tecnología hasta alcanzar la tercera generación del sistema, Argos III, donde varias videocámaras digitales de alta resolución trabajan automáticamente con una estación Unix para analizar las imágenes en tiempo real y mostrar los puntos donde rompen las olas como una estela blanca. "La costa cada vez está más urbanizada", dice Holman; "a la vez, el nivel de los mares sube y las tormentas vienen con más fuerza, lo que significa más erosión. Es una batalla entre la naturaleza y la presión humana". Este contexto añade nuevas variables a la hora de entender la estructura de las playas, el empuje de las olas, el movimiento de las barras sumergidas y de las corrientes. "Hay mucha física implicada; para hacer ciencia lo normal es colocar instrumentos en el agua, lo cual resulta muy caro y complicado. Nos dimos cuenta de que lo que queríamos saber -patrones del oleaje, corrientes?- podría ser descubierto por la óptica y las videocámaras. Eso es Argos, un sistema de captura de imágenes, mediciones y análisis científico".

arena-coralCiencia recreativa en vacaciones


Los bancos de arena sumergidos a cierta distancia de las playas tienen una morfología precisa. Holman sugiere que hagamos el siguiente experimento en vacaciones. "Si avanzas desde la orilla, entras en el mar y sigues andando en línea recta, te vas a hundir cada vez más, y eso es lo que ocurre hasta que llegas de nuevo a una zona de aguas más superficiales. Aquí es donde se acumula la arena, en una barra que protege el litoral, ya que ahí rompen las olas grandes. Queremos averiguar por qué están ahí esos bancos y cómo cambian con el tiempo".

Un huracán lanza impresionantes olas sobre la costa y los depósitos arenosos actúan como elementos de protección. "Al chocar contra ellos, las olas más grandes pierden gran parte de su energía. Hemos averiguado que estas barreras son más móviles y complejas de lo que pensábamos". Una playa australiana fue monitorizada durante un año, y en la película de apenas 35 segundos se perciben las fluctuantes formas de los bancos como si fueran serpientes blancas y sinuosas. Modelos como este ayudarían a predecir los efectos de una tormenta que se aproxima, tanto para la población como para la erosión de la playa. Obviamente, si hablamos de un huracán como Katrina, que inundó zonas del interior con 9 m de agua, los bancos de arena no ofrecen protección?.

La creciente furia de los océanos tiene que ver con el aumento de temperatura del agua: cuanto más caliente, más energía llevan las tormentas, y esto apunta al cambio climático. Tanto la subida del nivel del mar como el calentamiento global implican más peligro, en opinión de Holman: "El riesgo de inundaciones es muy superior al de hace 20 año, y las tormentas son más destructivas". Aquí no habla sólo el científico que lleva 30 años como oceanógrafo de la Universidad de Oregón y como responsable del laboratorio de estudios de costa. Su palabra se basa en la experiencia del hombre de mar que ve cómo cada vez con mayor frecuencia las olas alcanzan entre 12 y 14 metros de altura. Para Holman no hay duda: los océanos se están haciendo más violentos. Uno se pregunta si se trata de una venganza.

Parece absurdo pensar que los mares se vengan de las personas por las cantidades de contaminantes que vertemos en ellos, pero lo cierto es que los hemos convertido en un retrete planetario, lo cual no es una buena idea, y no sólo por la destrucción masiva de especies y pérdida de biodiversidad que implica. Para Holman, que se define como oceanógrafo físico y que tiene en cuenta la física de fluidos, el agua es uno de los más misteriosos de entre ellos. "Los océanos constituyen una parte crítica del sistema climático, son como un regulador de temperatura. Si se altera la circulación oceánica, las temperaturas se mezclan menos, lo que puede tener efectos violentos". Holman pone como ejemplo el clima de Europa Occidental, moderado gracias a que la corriente del Golfo de México transporta el calor hasta las latitudes del norte del continente. Si varía la trayectoria de estos flujos, el tiempo en Europa podría cambiar y hacerse más extremo, con inviernos inusualmente duros. "La gran cuestión acerca de la temperatura es la forma en que las aguas la mezclan y distribuyen. Hay una enorme cantidad de calor que golpea los océanos en el Ecuador y es distribuido por diversas corrientes, entre ellas la del Golfo".

Constante intercambio de frío y calor


La clave, para Holman, es "comprobar cómo se mezclan las temperaturas en la vertical del agua. Las temperaturas estacionales del océano sólo afectan a los primeros cien metros, partiendo desde la superficie, que se calientan o se enfrían. El mar es como un acumulador de calor que traga toneladas siempre que puedas mezclarlo. Es vital averiguar a cuánta profundidad se puede mezclar ese calor, teniendo en cuenta que la media de los océanos es de 4 km de agua bajo la superficie". Sin el intercambio de temperaturas producido por las corrientes, las aguas superficiales se volverían demasiado cálidas.

Otro asunto preocupante es el de la acidez de las aguas oceánicas, como se puede percibir por el blanqueamiento de muchos arrecifes coralinos a causa del exceso de dióxido de carbono. "Me alisté en la marina canadiense para estudiar más de cerca los océanos", concluye Holman. "Me gusta el mar y creo que podemos hacer algo para salvar su futuro, pero es crucial comprender cómo funciona la interacción entre tierra y agua; cuánto pueden aguantar los océanos la presión de la pesca y mantenerse sanos. Hay que rebajar esa presión y conocer el destino final de todo el dióxido de carbono que estamos bombeando a la atmósfera".

Luis Miguel Ariza

Etiquetas: océanos

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