Negacionistas del cambio climático

Aunque la mayoría de los científicos no duda del cambio climático, otros no creen en él o niegan que se deba a la acción humana. Te contamos los principales puntos de fricción en el debate.

Ni en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático de 2015 de París ni entre la gran mayoría de la comunidad científica hay lugar para el negacionismo. Según el Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC), “es extremadamente probable –más del 95 %– que la influencia humana sea la causa dominante del calentamiento observado desde mediados del siglo XX”.  

Los científicos escépticos, que cuestionan sobre todo las consecuencias más catastróficas asociadas al cambio climático, no quieren que se los confunda con los negacionistas, amparados principalmente por el ala más conservadora del Partido Republicano de EE. UU. y grupos similares de Australia y Europa. Tampoco con los blogs pseudocientíficos. Algún renombrado escéptico, como Richard Muller, ha acabado asumiendo que el fenómeno existe y tiene origen humano. No obstante, sus teorías anteriores y las de otros escépticos son dogma de fe para los negacionistas. 

A continuación, repasamos los argumentos más controvertidos usados por estos.

El ártico

Satélites de la Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) estadounidense detectaron este verano una anomalía al sur de Groenlandia que llamaron gran punto frío. En primavera, investigadores del Instituto Scripps de Oceanografía de la Universidad de California, que durante años han confirmado la disminución del hielo ártico y su repercusión sobre el clima, dudaban de que este deshielo fuera irreversible.

En 2011, un equipo de expertos daneses cuestionó también la teoría del no retorno en el calentamiento, pues hallaron pruebas de que los niveles de la banquisa en el Océano Glacial Ártico eran un 50 % más bajos hace 5.000 años. Ninguna de estas investigaciones cuestiona la existencia del cambio climático, pero sirven a los negacionistas para justificar sus posturas y vincularlas a las temperaturas inusualmente frías del pasado verano en el norte de Europa, que en Irlanda bajaron a niveles desconocidos desde 1986.

David Vieites, investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, cree que “queda mucho por saber sobre el origen y las consecuencias de ese punto frío”. Lo cierto es que otro estudio de noviembre de 2015 estipula que los últimos glaciares estables de Groenlandia, situados tan al norte que escapaban al impacto del cambio climático, han acelerado su deshielo en la última década.

El Sol

Según los negacionistas, no se tiene suficientemente en cuenta la influencia de nuestra estrella y su actividad –los rayos cósmicos– en el origen del calentamiento terrestre. Y afirman que hay pruebas de que en los últimos siglos la temperatura y el número de manchas solares de nuestra estrella han aumentado y jugado un papel decisivo en el creciente calor terrestre. 

Sin embargo, aquí existen divergencias, pues todos los estudios científicos recientes apuntan que mientras la Tierra sigue una tendencia ascendente en sus temperaturas, el Sol muestra la tendencia inversa. Los trabajos presentados en 2009 por Anatoli Erlykin, de la Academia Rusa de las Ciencias, junto con otros investigadores de las universidades de Lancaster y Durham (Reino Unido), atribuían a la actividad solar el 14 % de la culpa del aumento reciente de la temperatura media de la Tierra.

Otras investigaciones, como las de Benjamin Santer, del Laboratorio Lawrence Nacional Livermore (Departamento de Energía de EE. UU.), destacan que si realmente la influencia del astro rey fuera tan notoria, se calentaría más la estratosfera que la troposfera, la capa de la atmósfera más cercana a la Tierra. Sin embargo, ocurre al revés, porque incluso la parte superior se está enfriando.

Los océanos

Es sabida la trascendencia que tienen los océanos y las corrientes que los surcan para regular el clima del planeta. Por este motivo, los negacionistas también piensan que se ha subestimado su capacidad para absorber tanto el calor como el dióxido de carbono de la atmósfera. Además, se agarran a los estudios que periódicamente afirman o desmienten que esa capacidad de absorción ya se ha superado, especialmente en el océano Antártico.

Es cierto que, en general, los mares atrapan más cantidad de CO2 de la que liberan, que eliminan una parte de las procedentes de las actividades humanas y ralentizan los efectos de las emisiones de gases efecto invernadero. El problema, según la Comisión Océano Mundial, es que “el mar absorbe más de un 25 % de las emisiones de CO2, lo que causa su acidificación a velocidades sin precedentes en los últimos trescientos millones de años”.

La Antártida

Según datos de la NASA, el hielo marino que rodea el continente antártico alcanzó su máxima extensión en diciembre de 2013. Esto da pie a los negacionistas para argumentar que si la subida de temperatura del planeta se produce de forma uniforme no tendría sentido que la Antártida no solo no pierda masa de hielo, sino que esta crezca en algunos puntos. Una de las razones para explicar el fenómeno es que los fuertes vientos de aire frío que viajan del interior del territorio antártico hacia la costa contribuyen a bajar los termómetros y a engrosar los icebergs marinos

Vieites recuerda también que “la Antártida, al contrario que el Ártico, que es un mar helado de reciente formación, es un continente que lleva treinta millones de años congelado, con capas de hielo de varios kilómetros que difícilmente se derriten”.

Un equipo de la Universidad de Bristol ha publicado sendos estudios en las revistas Science y The Cryosphere en los que destacan que numerosos glaciares adelgazan a lo largo de 750 km de costa. Su conclusión es que la Antártida occidental es una de las regiones de la Tierra que sufre un calentamiento más rápido y desequilibrado, ya que el hielo que se derrite en el oceáno no se compensa con las nevadas.

Siberia

La inmensa y fría región oriental de Rusia, con sus 13,1 millones de km2 (veintiséis veces España), reclama la atención de quienes estudian el cambio climático por varias razones. Se trata de uno de los principales escenarios en los que se cruzan los negacionistas y los adaptacionistas: admitido que existe una alteración en el clima –sea de origen humano o natural– que conlleva un paulatino ascenso de las temperaturas en el planeta, hay que entenderlo como un cambio a mejor del que conviene aprovecharse.

Así como en Europa y en otros países desarrollados pensamos en reconvertir nuestra agricultura –se habla de plantar vides en Inglaterra– gracias a que hace más calor, en otras partes del mundo se mueren de hambre por una acuciante sequía o a consecuencia de la crecida del mar, que anega tierras y casas. La Organización Mundial de la Salud es uno de los organismos que alza la voz sobre los efectos perversos del calentamiento global para las personas.

Alarmistas, exageradores y climatólogos

Estos son algunos adjetivos que los negacionistas ponen a los expertos que mantienen el consen­so sobre la responsabilidad humana en el cambio climático.

Muller se mantiene escéptico en otros puntos y cree que es descabellado atribuir al cambio climático huracanes como el Katrina, la velocidad del deshielo del Ártico o el retroceso de los glaciares del Himalaya. Además, recuerda que ha habido otros periodos cálidos en la historia, como el de la Baja Edad Media.Sin embargo, Vieites señala que por la dendroclimatología –estudio de los anillos de crecimiento de los árboles– “se sabe que hubo un aumento sustancial de las temperaturas, pero no en todo el planeta, como sí ocurre ahora”.  

Respecto a los datos que esgrimen los negacionistas sobre la ralentización del aumento térmico en algunos años de este siglo, otros expertos sostienen que hay que estudiar tendencias en periodos largos, y que jamás hemos experimentado subidas similares en el termómetro en tan corto espacio de tiempo.

En cuanto a los gases de efecto invernadero, como el CO2, varios estudios rebajan su responsabilidad en el tema. Pero una investigación de 2015 del Laboratorio Nacional del Pacífico Noroeste (PNNL) de EE. UU. revela que los pronósticos sobre el ritmo de calentamiento terrestre hasta ahora planteados quizá se queden cortos, ya que el actual es más rápido que el producido de forma natural durante los últimos mil años.

Etiquetas: Tierraatmósferacalentamiento globalcambio climático

Continúa leyendo

CONTENIDOS SIMILARES

COMENTARIOS

También te puede interesar