Los peces modernos se beneficiaron de las extinciones masivas

Los peces con aletas radiadas, también denominados actinopterigios, constituyen el grupo más diverso de estos animales –y de todos los vertebrados– tanto en agua dulce como en agua salada.

Los peces con aletas radiadas, también denominados actinopterigios, constituyen el grupo más diverso de estos animales –y de todos los vertebrados– tanto en agua dulce como en agua salada.

 

De hecho, se calcula que en la actualidad existen unas 30.000 especies de estos peces óseos. Tras ellos, los más variados son los cartilaginosos, con unas 1.100 especies, entre los que se encuentran los tiburones y las rayas, que, en su mayor parte, viven en los océanos. Durante décadas, los zoólogos se han preguntado por qué los primeros han podido extenderse mejor por diferentes hábitats.

 

Para algunos expertos, sencillamente poseen una configuración anatómica más adecuada. Ahora, un equipo de paleontólogos de la Universidad de Zurich sostiene que se beneficiaron de una serie de catástrofes climáticas y las extinciones masivas asociadas a las mismas.



En un artículo publicado en la revista Biological Reviews, estos científicos detallan cómo analizaron los cambios en la biodiversidad que tuvieron lugar durante el Pérmico y el Triásico (PT), hace entre 300 y 200 millones de años, un periodo marcado por la Gran Mortandad. Este suceso, que se extendió durante apenas un millón de años, acabó con cerca del 96% de las especies marinas y el 70% de los vertebrados terrestres.

 

A partir de este análisis y de los datos obtenidos de distintas especies de peces cartilaginosos y óseos que han vivido en los dos siglos pasados, los investigadores averiguaron que estos últimos no solo superaron mejor otros procesos de extinción ocurridos con anterioridad, sino que se diversificaron enormemente tras la Gran Mortandad. Fue el caso, por ejemplo, de los neopterigios, entre los que se cuentan miles de especies enclavadas en decenas de órdenes, algunas aparentemente tan distintas entre sí como las carpas y las anguilas.

 

Durante el Triásico, muchos de estos peces desarrollaron especializaciones morfológicas en sus denticiones, mandíbulas, aletas y sistema reproductivo, lo que les permitió adoptar nuevas formas de locomoción –algunos, incluso, saltaban por encima del agua, como los peces voladores– y hasta parir crías al igual que los animales vivíparos. Por el contrario, los peces cartilaginosos no superaron tan bien las citadas extinciones, de modo que nunca llegaron a recuperarse por completo de las que sucedieron durante el Pérmico.

 

“Nuestro estudio indica que esos procesos jugaron un papel determinante en el desarrollo de la actual fauna marina”, explica Carlo Romano, del Instituto y Museo Paleontológico de la Universidad de Zurich, que ha participado en el ensayo. “La mayoría de estas crisis están asociadas a cambios climáticos globales, una masiva actividad volcánica o a otros fenómenos naturales que provocaron una fuerte disminución del nivel de las aguas”.

Etiquetas: animalesnaturaleza

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