Los misteriosos seres luminosos del Mar Rojo

Descubierto un nuevo tipo de animales fluorescentes que colonizan la concha de pequeñas caracolas.

El Mar Rojo es un cofre repleto de tesoros naturales, como bien saben los miles de submarinistas de todo el mundo que acuden a su reclamo, pero todavía quedan sorpresas por descubrir. Así lo demuestra el insólito hallazgo realizado por un equipo internacional de biólogos y del que se hace eco la revista PLOS ONE

Se trata de unas minúsculas criaturas luminosas detectadas mientras los expertos exploraban con luces infrarrojas biodiversidad de los arrecifes de corales de las islas Farasan, archipiélago de Arabia Saudí.

Estas “linternas fluorescentes” –como las han definido sus descubridores– emiten una luminiscencia verdosa y forman colonias en las conchas de los moluscos gasterópodos de la especie Nassarius margaritifer, pequeñas caracolas –de entre 20 y 25 milímetros de longitud– que se entierran en los sedimentos marinos durante el día y salen a la superficie para cazar invertebrados por la noche. 

Los investigadores piensan que las nuevas criaturas son hidrozoos, probablemente del género Cytaeis, que se agrupan en forma de medusas o –el caso que nos ocupa– pólipos. Lo que no tienen claro es por qué se produce la simbiosis entre los seres bioluminiscentes y los moluscos

En cuanto al brillo, que surge alredor de su boca, probablemente tenga la función de atraer presas. Parece ser que estos “flasazos” serían divisados por los invertebrados (las víctimas de los hidrozoos) en momentos específicos: al atardecer, al amanecer y en las noches de luna llena.

En los últimos tiempos, los animales fluorescentes han llamado especialmente la atención de la comunidad científica, que intentan aprovechar con aplicaciones médicas esa capacidad innata de generar luz. De hecho, los estadounidenses Martin Chalfie y Roger Y. Tsien y el japonés Osamu Shimomura obtuvieron conjuntamente el Premio Nobel de Química de 2008 por el descubrimiento y desarrollo de la proteína verde fluorescente, GFP, aislada de la medusa Aequorea victoria. Gracias a las técnicas de manipulación genética, el GFP se puede introducir en una célula viva para visualizar su comportamiento.   

Etiquetas: biodiversidadinvertebradosmedusasnaturaleza

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