Los mares se ponen ácidos

Alrededor de una cuarta parte del CO2 procedente de los combustibles fósiles y la producción de cemento es absorbida por los océanos, lo cual se traduce en un aumento de su acidificación, o disminución del PH, uno de los principales enemigos de la vida marina.

 

El problema para saber hasta qué punto se está acentuando esta degradación de las aguas oceánicas es que los barcos científicos tienen dificultades para acceder a ciertos lugares como el Ártico.

 

Como se explica en un artículo que aparecerá este martes en la revista Environmental Science and Technology, científicos de la Universidad de Exeter, el Laboratorio de Plymouth, el Instituto francés de investigación para la explotación del mar (Ifremer), la Agencia Espacial Europea (ESA) y un grupo internacional de colaboradores están solucionando el impedimento con la tecnología de los satélites, que llevan a bordo cámaras termales para medir la temperatura y sensores de microondas para evaluar la salinidad, los dos parámetros que determinan los niveles de acidificación.

 

Entre los satélites enrolados en la misión se encuentran el Soil Moisture Ocean Salinity (SMOS), de la ESA, y el Aquarius, de la NASA, lanzado en 2011. Precisamente, una reciente investigación de la Universidad Nacional de Australia y la Universidad de Southampton sugería que el C02 liberado en la atmósfera de modo natural acabó con la última glaciación, hace entre 19.000 y 10.000 años.

 

Según los científicos, cuando los niveles de C02 del océano superaron a los de la atmósfera se produjo la desaparición de los hielos y el aumento del nivel del mar. Hoy, advierten estos expertos, esta desproporción es de 60 a 1.

 

“Encontramos un vínculo: cuando los glaciares de la última edad de hielo se derritieron, las aguas superficiales del océano Austral y el Pacífico Ecuatorial Oriental eran también más ácidas. Esto determinó un nivel de la concentración de CO2 mucho más alto que el de la atmósfera”, han explicado los autores de la investigación. Un aviso para navegantes.

 

Foto: Ifremer/ESA/CNES

Etiquetas: calentamiento globalcambio climáticonaturaleza

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