Los babuinos que sufren en la infancia viven menos

Tener problemas en la niñez se traduce en una esperanza de vida más corta, sobre todo para las hembras de babuino, según un estudio.

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Normalmente, la esperanza de vida media de los babuinos (Papio cynocephalus) supera los 20 años. Sin embargo las dificultades de una niñez difícil pueden acortar de modo significativo sus opciones de tener una existencia larga, como se ha visto en un estudio llevado a cabo por científicas de la Universidad de Duke (EE. UU.), que registraron a diario durante treinta años (de 1983 a 2013) las andanzas de 196 hembras de esta especie que vivían en libertad junto al Parque Nacional Amboseli, al sur de Kenia. Los resultados revelaron que a estos primates les ocurre algo similar a los humanos. No en vano, compartimos el 94% del ADN: una infancia difícil repercute en la salud durante la edad adulta e influye en una muerte prematura. Por ejemplo, dos de los individuos estudiados, las hembras de babuino Puma y Mystery, que habían nacido en tiempo de sequía y fueron criadas por madres de bajo rango social, murieron jóvenes. A Puma la mató un leopardo cuando tenía siete años y Mystery desapareció a los 14, dejando una cría que murió al poco tiempo.

Es cierto que los babuinos no están sometidos a excesos de alcohol, drogas o diabetes, como les ocurre a muchas personas con infancias problemáticas, pero sufren a largo plazo efectos negativos que reducen su esperanza de vida casi a la mitad. Según el estudio, publicado en Nature Communications, “la adversidad precoz puede afectar con el tiempo a la supervivencia”, dice Jenny Tung, coautora del trabajo. Sequía, hacinamiento como consecuencia de la competencia entre un número creciente de individuos dentro del grupo, pérdida de la madre, enfermedades y depredación dificultan la vida de estos primates salvajes en Kenia. Los resultados de la investigación revelaron que más del 75 % de las hembras del estudio respondían al menos a uno de estos factores, y el 15 % a tres o más. “Los individuos más vulnerables fueron las hembras que perdieron a sus madres antes de los cuatro años, o cuyos hermanos nacieron antes de ser destetadas”, dicen las investigadoras, quienes recalcan que las madres son el recurso social primario para sus hijas a la hora de buscar comida, incluso después de que estas se hayan independizado.

Las hembras jóvenes más privilegiadas que no pasaron desgracias o solo una de ellas como máximo vivieron hasta los veinte años aproximadamente, mientras que los que sufrieron tres o más problemas murieron como promedio a la edad de nueve. Además, estas desafortunadas hembras no solo perdieron más de diez años de su vida adulta, sino que también estuvieron más aisladas respecto al grupo y tuvieron crías que sobrevivieron menos. En suma, parece que los monos que forman y mantienen relaciones sociales de apoyo a medida que crecen tienen más probabilidades de sobrevivir y prosperar.

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